Colo-Colo: Más de cien años encarnando la identidad del pueblo chileno

Aniversario Colo-Colo

Colo-Colo: Más de cien años encarnando la identidad del pueblo chileno

Han pasado 101 años desde que David Arellano fundó Colo-Colo, el club más ganador en la historia de nuestro país con 34 campeonatos nacionales y el único equipo chileno en conquistar la Copa Libertadores de América. Doble Espacio quiso mirar más allá de los títulos y entender cómo es que, en un siglo entero, Colo-Colo se ha mantenido como el club más popular del país. Tomás Arellano, bisnieto del fundador, y tres de los personajes históricos más cercanos al equipo, nos cuentan esta historia.

¡Vámonos, Quiñones!” es una frase que todo hincha de Colo-Colo parece llevar tatuada en la memoria. Esas palabras marcaron el inicio de la historia del Cacique. Dos jóvenes profesores, David Arellano y Juan Quiñones, sin saberlo, se convertirían en los artífices de un proyecto que con el tiempo terminaría reflejando a la sociedad chilena. Así lo plantea el periodista Esteban Arzúa en su libro Quién es Chile, una mirada que también comparte Tomás Arellano, bisnieto de David.

 

Arellano y Quiñones jugaron entre 1919 y 1925 en el Club de Deportes Magallanes, donde formaban parte de una nueva camada de futbolistas que comenzaba a marcar una diferencia en la época. El origen del club albo se remonta a la ruptura entre la dirigencia y los jugadores más veteranos del llamado Manojito de Claveles con los profesores jóvenes. Un quiebre que estuvo motivado, principalmente, por las precarias condiciones en que entrenaban y por la escasa preocupación de los dirigentes por avanzar hacia la profesionalización del fútbol.

Créditos: Javiera Ramírez / @jxjaviera

Arellano comenzó a forjar esta convicción un año antes de la fundación del club Colo-Colo, durante el Campeonato Sudamericano de 1924, realizado en Montevideo. Allí pudo observar de cerca a la selección uruguaya, que se había consagrado campeona en los Juegos Olímpicos de París ese mismo año, mostrando un nivel de organización y preparación superior.

 

La poca atención a las lesiones y los procesos de recuperación, junto con el bajo financiamiento y el limitado trabajo táctico, fueron algunas de las razones que llevaron a Arellano a querer transformar Magallanes. En ese contexto, se convocó a una reunión del plantel para elegir al futuro capitán del equipo, instancia en la que el profesor vio una oportunidad para impulsar grandes cambios.

El 4 de abril de 1925, Arellano llegó a la sesión con los votos asegurados para imponerse en la elección. Sin embargo, la dirigencia adoptó una medida que fue percibida como desleal, pues modificaron las bases del proceso. Aunque tradicionalmente eran solo los jugadores quienes decidían el rumbo del club; en esta ocasión se permitió la participación de los dirigentes y se restringió el voto exclusivamente a los integrantes del plantel de 1924, dejando fuera a las nuevas incorporaciones que respaldaban a David Arellano.

 

Indignado, y ante la nula disposición al diálogo por parte de la dirigencia, pronunció la frase que cambiaría la historia: “¡Vámonos, Quiñones!”. Ese acto de ruptura se convirtió en la primera piedra de un proyecto que, bajo la bandera de la rebeldía y la lucha contra las injusticias, dio origen a un nuevo club.

 

Pero lo que comenzó como una escisión deportiva pronto trascendió la cancha. Colo-Colo no solo se afianzó como una sólida institución futbolística, con 34 campeonatos nacionales en su palmarés y una Copa Libertadores, sino que también logró conectar con la identidad popular y convertirse en parte de la cultura criolla chilena.

Créditos fotográficos: Javiera Ramírez / @jxjaviera

Del pueblo y para el pueblo

Geógrafo de la Pontificia Universidad Católica y actualmente radicado en Temuco, su vida gira en torno al stand-up comedy. Se dedica a hacer reír en distintos escenarios y eventos, y ha encontrado también en el baile uno de sus principales hobbies. Se trata de Tomás David Arellano Gúmera, bisnieto del fundador de Colo-Colo.

Tomás Arellano, bisnieto de David.

“Cuando tenía 18 años leí un libro sobre la gira internacional del club, y fue ahí cuando dimensioné la magnitud de lo que significó mi bisabuelo”, recuerda Tomás Arellano.

 

—¿Qué tuvo de especial Colo-Colo en su época para convertirse en el equipo ‘popular’?

 

—Desde sus propios fundadores existía ese sello. Era una época de ascenso de la clase media, que buscaba espacios propios fuera de las élites. Predominaban personas de origen trabajador, de una clase intermedia que recién comenzaba a surgir desde las escuelas y universidades. Muchos de ellos, además, jugaban fútbol. Eran los profesores normalistas, personas de origen popular, pero con formación— explica Tomás.

 

Bajo esa misma lógica, el club de los rebeldes aspiraba a llegar a todos los rincones de Chile. No solo eran deportistas, sino también individuos con una vocación transformadora, dispuestos a impulsar cambios profundos y rupturistas. Con el objetivo de expandir el fútbol y ganar reconocimiento, emprendieron giras hacia zonas aisladas para la época. Ciudades como Ancud y Concepción fueron testigos de las primeras visitas del equipo albo.

 

El color del uniforme también reforzaba ese ideario que David Arellano quería transmitir. El blanco fue elegido como símbolo de pureza, pero también dialogaba con la vestimenta de los profesores de entonces: camiseta blanca y pantalón negro.

 

Como buen profesor normalista, Arellano entendió el fútbol como una herramienta pedagógica. No desde la pizarra ni la tiza, sino desde la cancha; el balón como puente para transmitir valores como la lealtad, la humildad, el sacrificio y la dedicación.

 

Créditos fotográficos: Javiera Ramírez / @jxjaviera

“Mi bisabuelo tenía mucha paciencia para enseñar. Siempre buscó transmitir sus conocimientos de manera didáctica. El jugador de Colo-Colo debía ser alguien capaz de vincularse humanamente con otros, actuar correctamente en la vida, reconocer al rival como un contendiente digno y nunca sentirse derrotado”, relata Tomás Arellano.

 

Esa vocación popular y descentralizadora sigue reflejándose hasta hoy. Según la última encuesta Cadem sobre la hinchada de los clubes nacionales, realizada en 2024, el 42% de los chilenos se declara seguidor de Colo-Colo. En la misma línea, un estudio de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo de 2025 muestra que el Cacique lidera en todos los niveles socioeconómicos, con una presencia especialmente fuerte en los segmentos de menores ingresos (D y E), así como en el C2.

 

Colo-Colo es una microrealidad de nuestra sociedad. Para el chileno representa eso: sus contradicciones, su mezcla, su mestizaje. Es el reflejo de un ciudadano esforzado, que gana con garra —a veces no con tanto mérito—, pero que triunfa igual. Es un fenómeno que funciona como espejo de nuestra idiosincrasia”, dice el descendiente de David Arellano.

 

Estatua de Carlos Caszely, exfutbolista de Colo-Colo.

Cumpleaños monumental

El 20 de abril de 2026 se cumplieron 51 años de la inauguración del Estadio Monumental David Arellano, ubicado en la comuna de Macul. En sus pastos, Colo-Colo ha celebrado innumerables títulos nacionales y donde, además, levantó el trofeo más importante a nivel de clubes en Sudamérica: la Copa Libertadores en 1991.

 

La fecha no pasó desapercibida. El Club Social y Deportivo Colo-Colo organizó un conversatorio para sus socios. Era una noche fría en Santiago, pero eso no impidió que los hinchas albos llegaran hasta el Monumental, estadio cercano a la intersección de las avenidas Vicuña Mackenna y Departamental.

 

Entre los asistentes había de todo, jóvenes veinteañeros y hombres de más de 90 años; socios recientes y otros honoríficos. Parejas, amigos y familias de distintos orígenes sociales se reunían por una misma razón: Colo-Colo.

En medio de los pasillos del estadio, destaca una boina gris. Era Edmundo Valladares, presidente del Club Social y quien se dio el tiempo de conversar con los hinchas.

 

Créditos fotográficos: Javiera Ramírez / @jxjaviera

Tras compartir comida y algunas copas de vino, los asistentes dispusieron los asientos para dar inicio al conversatorio. En la instancia participaron figuras como el exfutbolista Adolfo Nef —primer arquero en jugar en ese recinto—, el utilero Héctor Conejito Ramos y Atilio Mantero, socio honorario del club. El encuentro combinó memoria, reflexión y celebración.

 

La cancha lucía impecable: un verde intenso que alguna vez fue pisado por jugadores históricos como Iván Zamorano, Alexis Sánchez, Carlos Caszely, Marcelo Barticciotto y Arturo Vidal. Esa noche, parecía consciente de su propio aniversario. Desde el sector Cordillera, la figura del Cacique observaba de frente a los socios ubicados en Rapa Nui. Hubo espacio para preguntas, críticas y, sobre todo, para aprender.

Héctor "Conejito" Ramos, utilero.

“Llegamos a ver los entrenamientos de las divisiones inferiores a fines de 1969. Éramos seis hermanos, junto a mi padre y mi madre. El presidente Héctor Gálvez nos ofreció vivir en el estadio y asumimos la tarea de encargarnos de la utilería y del cuidado del recinto”, recuerda con una amplia sonrisa Conejito Ramos, testigo privilegiado de la historia del estadio. 

 

Gálvez había notado que el padre de Ramos —paramédico del club— siempre asistía acompañado de sus hijos. Al conocer la situación económica de la familia, no dudó en ofrecerles el Monumental como hogar. “Primero vivimos en los camarines y dormíamos en camarotes. Después nos ofrecieron una casa. Mi mamá y mi hermana lavaban la ropa de los cadetes, mientras que mis hermanos y yo ayudábamos en todo lo relacionado con la utilería”, dice el Conejito.

La charla concluyó y los asistentes regresaron a una sala cercana al acceso de Rapa Nui. Allí se ubicaba la colección de Fernando Parraguez, socio y coleccionista, empeñado en mantener viva la historia del club, con banderines, fotos y diarios de momentos históricos para el Cacique.

Fernando Parraguez, socio y coleccionista.

“Empecé guardando entradas en la billetera. Después conseguí un banderín, un pin, una revista, y así partió todo. Hoy tengo cerca de 350 banderines de Colo-Colo, desde los años 30 hasta los más recientes”, relata Parraguez.

 

—¿Cómo nació su vínculo con Colo-Colo?

 

—Yo soy del campo, y lo que más llegaba era información del club. Colo-Colo tiene un arraigo nacional y popular. Hay gente en Chile que nunca lo ha visto jugar en vivo, pero igual es hincha. Para mí, incluso, son más hinchas que algunos que vienen todos los domingos solo a insultar—, comenta el coleccionista.

Honor y pasión

Don Atilio Mantero estaba sentado en una mesa junto a una pareja que no dejaba de hacerle preguntas. No era casualidad, conversaban con un socio honorífico del Cacique, alguien cuya vida había estado marcada positivamente por el club. A los siete años, tras la muerte de su madre, Colo-Colo se convirtió en su salvavidas.


“Yo estaba muy triste con la pérdida de mi mamá, tenía una pena muy grande, igual que mis hermanos. Un día, un fanático del club, que siempre veia los partidos que jugaba con mis amigos en el barrio me dijo: ‘te voy a llevar al estadio, porque eres bueno para el fútbol, pero más que nada porque el equipo que juega ahí es una familia. Vamos a ver a Colo-Colo’”, rememora Mantero.

—¿Qué recuerdos tiene de sus primeras visitas al estadio?


—Empezaron a jugarse partidos de noche. Yo ya tenía ocho años. Veía el primer tiempo y me quedaba dormido. No sé qué contactos tenía el caballero que me llevaba al estadio, pero cuando me dormía me llevaba al bus de los jugadores y despertaba en los brazos de Jorge Robledo, del Negro Muñoz o de Atilio Cremaschi— cuenta el socio honorífico.

 

Por si fuera poco, la conexión de Don Atilio con el club se remontaba incluso a sus orígenes. Su profesor de fútbol había sido Juan Quiñones, el fiel compañero de David Arellano y una figura clave en la formación de Colo-Colo. En la cancha exigía aprender a cabecear; fuera de ella, inculcaba la disciplina como bandera de lucha.

Don Atilio Mantero, socio honorífico.

 

“Para ser alguien en la vida, no solo futbolista, hay que tener disciplina. Eso significa no fumar, no tomar, ser ordenado y respetar a rivales y compañeros. Eso nos inculcó el profesor Quiñones”, recuerda Mantero.

 

Ese mismo espíritu formativo y de valores también se reflejó en la identidad del club desde su origen. El nombre Colo-Colo fue elegido en honor al lonco y sabio mapuche, símbolo de liderazgo y resistencia frente a los conquistadores españoles en el siglo XVI. Según el propio Atilio, además, “Colo-Colo se llama así por la sencillez. Un bebé puede aprender a decir Colo-Colo antes que papá o mamá”.

 

—¿Qué tiene de distinto el colocolino frente a los hinchas de otros clubes?


Colo-Colo está obligado a ser campeón en todo lo que juega. Yo soy colocolino de alma y corazón, y eso significa que, si emprendía algo, me tenía que ir bien—, dice Mantero.


La gente comenzó a retirarse lentamente. El vino se acabó y los platos quedaron vacíos. “Hay que llegar temprano a descansar, porque mañana se trabaja”, se escuchó entre los hinchas.

Carlos Caszely, exfutbolista Colo-Colo.

Mientras, en la entrada principal del Estadio Monumental se alzaba la estatua del exfutbolista chileno Carlos Caszely, para muchos el jugador que mejor encarnaba los valores de David Arellano. Consultado para este reportaje sobre qué significaba Colo-Colo, respondió con una sola palabra: “Todo”. Así lo resumió el Rey del metro cuadrado.

 

En el mural que rodeaba la pantalla que marcaba la cuenta regresiva hacia el aniversario del club aparecía David Arellano. Su bisnieto, en tanto, dejó un mensaje para los hinchas: “No peleen tanto, no se desgasten discutiendo con un compañero de trabajo si los molestan por una derrota. Déjenlos hablar. Colo-Colo es más grande que todo eso, más grande que un triunfo pequeño. Disfruten del fútbol”.

 

A  101 años de aquel “Vámonos, Quiñones”, Colo-Colo sigue siendo un fenómeno que no se explica sólo desde los títulos. Entre contradicciones, alegrías y frustraciones, el club ha logrado mantenerse vigente porque conecta con algo más cotidiano: la experiencia de la gente común. No siempre gana, no siempre convence, pero sigue estando ahí, en la rutina de los chilenos, en la conversación y en la memoria de quienes lo siguen.

 

Créditos fotográficos: Javiera Ramírez / @jxjaviera

2Comentarios

  • Litzi Mantero
    abril 27, 2026

    Qué orgullo ver reflejada en esta entrevista la historia y los valores de mi padre, Don Atilio Mantero Fontalba. Un hombre cuya vida ha estado profundamente ligada a Colo-Colo, no sólo como hincha, sino como ejemplo de disciplina, esfuerzo y amor por el club. Gracias por destacar su testimonio.

  • Julio Reyes
    mayo 3, 2026

    Es bueno leer sobre fútbol y sociedad desde una perspectiva distinta a la del hincha (válida, por cierto, pero habitualmente nublada por el fanatismo). Los clubes representan procesos sociales, modernización y ascenso mesocrático y popular, en el caso que muestra el artículo. Sería interesante cartografiar y ahondar en los significados de cada equipo del país, como una radiografía identitaria. Felicitaciones al autor.

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