Eduardo Santa Cruz: Autor de Historia social del fútbol chileno

Eduardo Santa Cruz

Eduardo Santa Cruz: Autor de Historia social del fútbol chileno

A semanas de la publicación de su libro Historia social del fútbol chileno (LOM, 2026), el periodista Eduardo Santa Cruz revisa el rol histórico del deporte como herramienta de integración social y contrasta ese pasado con un presente marcado por la mercantilización, el “nacionalismo de mercado” y la transformación del hincha en consumidor. 

 

En entrevista con Doble Espacio, Eduardo Santa Cruz analiza la pérdida del carácter comunitario del fútbol, el papel de los medios y las huellas que dejó la dictadura en su desarrollo actual.

 

—Usted se zambulle en el nacimiento de los clubes deportivos en las clases populares, con la idea de que funcionaran como una instancia de “elevación del nivel cultural y moral de las masas”. ¿Cree que hoy queda algo de eso?

 

—Queda algo, pero muy poco. Durante gran parte del siglo XX, el fútbol y el deporte en general no eran solo un espectáculo o una mercancía privada, como ocurre hoy, sino que formaban parte de políticas de desarrollo social y de educación masiva que debía promover el Estado, incluso en el ámbito profesional. Se entendía que cumplían un rol ejemplificador, como modelo virtuoso para la sociedad.

 

—También aborda las prácticas periodísticas y el nacionalismo —envuelto en celofán, pero nacionalismo al fin— en la cobertura de nuestros (cada vez menos) jugadores en el extranjero. ¿Cómo observa ese fenómeno hoy?

 

—El nacionalismo en el periodismo actual, y no solo en el deportivo, parece estar mucho más impulsado por intereses mercantiles que por motivaciones políticas, como ocurría antes. Por eso hablo de un “nacionalismo de mercado”, donde el “amor patrio” se expresa principalmente a través del consumo: comprar la camiseta de la Roja o preparar el asado para el 18. Es un nacionalismo que no exige compromisos profundos ni sacrificios, sino manifestaciones efímeras, que duran lo que dura el espectáculo.

 

—Eso se vincula con la figura del ídolo que usted analiza. ¿Hace una distinción entre ídolo y héroe?

 

—No especialmente. El ídolo deportivo es, en esencia, un héroe: alguien que lucha por nosotros y nos representa, ya sea a nivel individual o colectivo, en lo nacional, regional o a nivel de club. Sin embargo, hoy ese héroe también es un “producto”, subordinado a intereses privados y de mercado. Ha dejado de ser un modelo virtuoso para transformarse en la demostración del éxito del sistema, lo que además le otorga un carácter desechable, como cualquier otro producto.

 

Créditos fotográficos: Matias Quezada / @mquezada.foto

—Usted menciona una encuesta sobre los clubes con más adherentes y deja un dato inquietante: el envejecimiento del hincha. ¿Ese es el mismo hincha que ya no tiene espacio frente a las barras bravas?

 

—El fútbol, desde hace unas cuatro décadas, ha ido eliminando o “espantando” al espectador ocasional, es decir, a quienes veían en él una forma de entretención de fin de semana. Ese perfil ha sido reemplazado por el hincha o fanático, que siempre ha existido, pero que es solo una de las formas de vincularse con el espectáculo. Así, el espectador ha sido desplazado al sillón del televisor —donde compite con la oferta global— o simplemente ha quedado fuera. Esto está transformando al fútbol en una práctica cada vez más segmentada, cuyas consecuencias veremos en las próximas décadas, si no se frenan estas tendencias.

 

—¿No le da escalofrío cuando se refieren al fútbol como una industria?

 

—Más que escalofríos, me provoca rabia. Porque evidencia la apropiación privada de lo que originalmente era una práctica social. Y también pena, porque reduce una actividad profundamente humana a una de sus dimensiones, justamente la menos humana.

 

—El capítulo sobre el fútbol en dictadura es particularmente crudo. ¿Cree que ese período ha sido suficientemente investigado?

 

—Fue una época de terror institucionalizado desde el Estado, que es la peor forma de terror. Falta mucha investigación y, sobre todo, encontrar documentación que permita entender cómo en ese período se sembraron las bases de muchos de los problemas que hoy vemos en el fútbol y en la sociedad.

 

—Si tuviera que escribir una “Historia antisocial del fútbol chileno”, ¿cuál sería el primer hito?

 

—La apropiación privada de los clubes deportivos impulsada desde el Estado, mediante la aprobación de una ley en el Parlamento. Ese es un punto clave, porque atenta directamente contra el carácter social de los clubes y del fútbol —y del deporte en general— como espacios comunitarios.

Créditos fotográficos: Matias Quezada / @mquezada.foto

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