«Vivimos en una época fascinante para la ciencia, pero donde el pensamiento crítico está bajo ataque»
Con 27 años, la astrónoma — y apasionada por la educación— logra acercar el universo a niños y jóvenes con hambre de aprender. Hoy, residente de Estados Unidos y estudiando con una beca posdoctoral, reflexiona que la ciencia “no se trata solo de entender las estrellas o las moléculas, sino de reflexionar sobre la sociedad que queremos construir”.
Potterhead, influencer, doctora, escritora y astrónoma, Teresa Paneque (27, más conocida como @terepaneque en sus redes sociales) se ha convertido en una referente de la divulgación científica en Chile. Un eclipse en Coquimbo en 2019 gatilló su ingreso a las plataformas digitales y los medios de comunicación, pero fue en 2020 que se hizo conocida, especialmente en Tik Tok.
“Siempre me gustó comunicar y compartir lo que aprendía, además de que me gusta hablar”, dice risueña al otro lado de la pantalla esta astrónoma y magíster de la Universidad de Chile. Ha vivido fuera del país cerca de 14 años de su vida, y actualmente reside en Estados Unidos, estudiando un posdoctorado con la con la prestigiosa beca “51 Pegasi b Fellowship” y dedicada a la investigación en ciencias planetarias.
Debido a su creciente popularidad, en 2021 publicó el primer libro de la saga El universo según Carlota (Planeta Junior), en que explica en términos simples la ciencia para niños, que ya alcanza cinco volúmenes; en 2023 fue nombrada embajadora del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef); y en 2024 se subió al avión presidencial rumbo a Alemania, para conocer la sede central del Observatorio Europeo Austral.
Y pese a su natural soltura y amabilidad, reconoce que “hablar de ciencia es una gran responsabilidad” y que “vivimos en una época fascinante” para su disciplina, “pero también una en la que el pensamiento crítico está bajo ataque”.
En conversación con Doble Espacio, Paneque habla de su infancia como una niña “muy curiosa”, de las brechas de género en carreras STEM, de su irrupción en las redes sociales y de la ciencia en edades tempranas. “No busco que todos sean astrónomos, sino que a todos les importe el planeta y el futuro que compartimos, necesitamos aprender valores cómo la empatía y la colaboración que están en la ciencia para el futuro de Chile”, explica.
“Probablemente la búsqueda de magia en los libros me inclinó a ser astrónoma”
—Naciste en España y estudiaste en Glasgow. ¿Cómo fue tu infancia estando fuera de Chile?
—Fue una infancia muy familiar y curiosa a la vez. Aunque vivíamos lejos de mis abuelos y del resto de mi familia, mis papás y mis hermanos eran mi núcleo. Pasábamos mucho tiempo juntos, sobre todo porque ambos eran estudiantes de doctorado en carreras científicas, así que gran parte de mi infancia transcurrió entre laboratorios y una vida simple. Era difícil salir de vacaciones y tampoco teníamos televisión, por lo que entretenía mis tardes con los computadores del laboratorio o leyendo libros.
—Para dedicarte a la astronomía, ¿incidió el hecho de que tus padres fueran científicos?
—A pesar de que crecí entre laboratorios, pipetas y guantes, era un trabajo normalizado. Seguramente fueron un ejemplo para saber que la ciencia sí era una posibilidad en una profesión, pero nunca me empujaron a ir a las ciencias. De hecho, siempre me dieron la oportunidad de explorar otras oportunidades que me permitieron tantear mis habilidades. Aún creo que los humanos no somos unidimensionales: en mis tiempos libres aún hago yoga y cerámica. Agradezco mucho haber tenido una infancia y una educación privilegiadas que me permitieron explorar distintas áreas y descubrir lo que realmente me apasionaba.
—Entonces, ¿qué te llevó al camino de la astronomía?
—Yo era una niña muy curiosa, siempre quería resolver; ya sea en leer libros, armar rompecabezas, o descifrar preguntas de cualquier cosa que se me ocurrían. Me gustaban mucho los libros de fantasía, lo que más hacía era ir a la biblioteca local a buscarlos. Probablemente la búsqueda de la magia en los libros me inclinó a ser astrónoma, ya que fui encontrando en la vida real esa magia y fantasía en la física. Mis libros favoritos eran los de Harry Potter, también los de Enid Blyton, que su trama se basaba en un grupo de amigos con mucha imaginación que resolvían diferentes misterios, yo desde muy pequeña leí cualquier cosa que tuviera magia.
—¿Pero el interés específico por la ciencia?
—En mi época escolar iba a la Academia de Desarrollo de Talentos UC, tomé muchas clases diferentes, de historia, física y hasta robótica. Fue ahí dónde participé en competencias de robots hechos de Lego y eso me involucró mucho en el programa, posteriormente fui profesora de niños de educación básica, me apasiona mucho la docencia. De hecho, hay niños a los que hice clases en sexto básico y que ahora estudian astronomía, y me llena el corazón haber dejado esa huella.
Ver pocas mujeres en la ciencia “me dejó muchas inseguridades”
—Es conocido que las carreras STEM (que agrupan a las ramas de salud, ciencia, tecnología e innovación) aún cuentan con muchas barreras para el acceso de mujeres. Durante tu desarrollo profesional, ¿cómo era tu percepción sobre las mujeres en la ciencia?
—Para mí siempre fue natural que las mujeres hicieran ciencia gracias a la presencia de mi mamá, pero cuando entré a la universidad me chocó el hecho de que éramos muy pocas en la carrera. Eso me dejó muchas inseguridades porque me di cuenta que nunca tuve una profesora mujer en las áreas donde me quería desarrollar. En ese momento no tenía referentes, y ver a mis compañeros hombres sin ninguna duda y con tantas ambiciones me generó dudar de mis capacidades; el sistema y el entorno me hicieron sentir que no podía.
—¿Qué te ayudó a superar esa inseguridad?
—Otras mujeres científicas, ya que al empezar mi magister coincidió en que había llegado al Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile una profesora nueva, joven y maravillosa: era Laura Pérez. Y junto a Myriam Benisti, una profesora francesa que estaba haciendo una pasantía, me ayudaron a salir del hoyo. En ellas me vi reflejada, me identifiqué y entendí que había un espacio para mí en la ciencia. Su ejemplo me hizo recuperar la confianza y sentirme capaz de seguir ese camino.
— ¿Crees que esta dificultad de encontrar mujeres revela algo del rubro?
—Es importante visibilizar en la actualidad a las mujeres científicas, no solamente a los grandes nombres, a las que ya murieron o las que ya no están en el rubro. Tardamos mucho en premiar y honrar a las mujeres para poder presentarlas como un modelo a seguir. Estoy agradecida que las mujeres que admiro sean mis profesoras, personas con las que tengo cercanía, ídolas a las que yo le puedo mandar un correo y me van a responder. Es muy importante proyectar en el camino de otras mujeres, para reflejarnos y darnos cuenta de lo buena profesional que somos.
—¿Cómo conociste a las mujeres que te inspiran actualmente?
—Las conocí cuando le propuse ser mi profesora guía en mi proyecto de magister. Laura Pérez me confió un proyecto con datos del Observatorio ALMA, algo totalmente nuevo para mí. Aun sin conocerme, creyó en mis capacidades, y gracias a eso logré mi primera publicación. Con esos datos descubrimos que la estrella Elías 2-27 está rodeada de espirales a causa de inestabilidades gravitacionales por el polvo que la rodea, y desmentimos que esté acompañada estelarmente. Ese proyecto me hizo darme cuenta de que esta es el área que a mi me gusta, que es a lo que aspiro y que soy muy capaz de seguir estudiando el universo a un alto nivel. Asimismo, entendí el valor de tener buenas mentoras; personas que te acompañan, te enseñan y te abren camino.
Enseñar y compartir el universo
——Tu aparición en las plataformas digitales data en 2019. A partir de entonces, ¿cómo se fue desarrollando el tema de las redes sociales?
—Empecé con videos simples, porque no sabía mucho de edición, pero la gente los recibió muy interesada sobre todo durante la pandemia, dónde mis redes crecieron mucho, especialmente en Tik Tok. Ya viviendo en Alemania mis videos volvieron a hacerse virales y eso generó nuevas apariciones en la prensa chilena. Fue tan grande la exposición que incluso tuve interacciones con el Presidente Gabriel Boric cuando era candidato y luego participé en la gira presidencial en el Observatorio Europeo Austral.
—¿Qué piensas respecto a la masividad de tu contenido y de la difusión de información científica en internet?
—Hablar de ciencia es una gran responsabilidad, ya que es algo que despierta la creatividad y tiene un impacto real en el futuro de la humanidad. Es preocupante cuando las personas creen en conspiraciones sin antes cuestionarlas. Vivimos en una época fascinante para la ciencia, pero también una en la que el pensamiento crítico está bajo ataque. Por eso, sigo comunicando desde redes sociales y, cuando estoy en Chile, me gusta estar en terreno, conversar con la gente y mostrar que los científicos somos personas comunes, con inseguridades y gustos diversos.
—En 2021 publicaste la primera edición de El universo según Carlota, en que explicas en términos sencillos la ciencia para niños. ¿Cuál fue tu propósito para escribir esta obra?
—Más que enseñar astronomía, los libros buscan derribar estereotipos, ya que muestran el universo a través de los ojos de Carlota y sus amigos, niños curiosos que aprenden sobre ciencia mientras viven sus propias experiencias. Cada uno representa distintas pasiones e intereses, como la curiosidad, el trabajo en equipo y la amistad. El mensaje principal es que la curiosidad siempre lleva a buenas respuestas, que está bien pedir ayuda y que los adultos también son parte del aprendizaje. Para mí era importante mostrar que no hay que tenerle miedo a aprender, que la ciencia es amable y cotidiana.
—¿Qué sientes al ver los libros expuestos como un éxito en ventas y a los niños entusiasmado con la historia de Carlota?
—Me emociona que una historia infantil como esta tenga buena acogida en Chile, donde no es fácil que un libro para niños tenga éxito. Ha logrado abrirse en un espacio lleno de libros de fantasía, lo que es hermoso. Los libros están en muchos colegios y ferias de ciencia, y los niños incluso se disfrazan de los personajes o celebran cumpleaños temáticos de Carlota. Es emocionante ver cómo cada firma de libros se convierte en una maratón de horas; el cariño y conexión que ha generado en los lectores jóvenes es algo impagable.
—¿Qué desafíos has tenido escribiendo la saga?
—Escribirla ya ha sido un desafío, sobre todo por cómo traducir temas complejos a un lenguaje cercano. En redes o charlas siempre existe la posibilidad de que alguien pregunte o pida aclaraciones, pero en un libro ese diálogo no está. Por eso intento ponerme en el lugar de quien lee y hacer que los personajes formulen todas las preguntas que podría tener cualquier niño curioso.
—A pesar de tu corta edad, has logrado dejar una huella en el mundo de la divulgación científica. ¿Qué otros legados te gustaría dejar en la ciencia?
—Espero contribuir a una cultura científica en Chile, entendida como el hábito de hacerse preguntas y pensar críticamente. No se trata solo de entender las estrellas o las moléculas, sino de reflexionar sobre la sociedad que queremos construir. En la ciencia aprendemos a equivocarnos y escuchar otras miradas, una actitud que también necesitamos en nuestra vida social y política. Por eso me interesa promover el pensamiento crítico, la educación y la participación de las mujeres en la ciencia como una forma de aprovechar todo el talento disponible. No busco que todos sean astrónomos, sino que a todos les importe el planeta y el futuro que compartimos, necesitamos aprender valores cómo la empatía y la colaboración que están en la ciencia para el futuro de Chile.
