Un país más crónico tras la pandemia

Enfermedades crónicas

Un país más crónico tras la pandemia

Las consecuencias de la emergencia se descontrolaron al mismo nivel que el cambio de hábitos de la población; factores como el sedentarismo, el miedo y la redirección de la prioridad sanitaria dejaron una huella en la salud de los chilenos, que hoy sufren más que antes. 


Durante el período de encierro producto de la pandemia del Covid-19, el diario vivir cambió de forma radical en toda la población; los estudios y el trabajo se transformaron en una rutina telemática, el deporte al aire libre no existía, la socialización fue a través de una pantalla y las compras se hacían con un click. Todo contacto físico se convirtió en un riesgo para todo ser humano. El miedo al contagio paralizó todas las actividades, hasta las más vitales, como es el control médico.

Cuando las calles volvieron a reunir gente y las mascarillas se guardaron en el bolsillo, el país se encontró con un nuevo panorama sanitario. Las consultas médicas aumentaron, los diagnósticos se multiplicaron y las cifras fueron claras: diferentes enfermedades crónicas no transmisibles se expandieron en Chile, como son la diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y respiratorias. 

Según la última Encuesta Nacional de Calidad de Vida y Salud (Encavi) 2023-2024, realizada por el Ministerio de Salud (Minsal), el 64% de la población vive con al menos una patología no transmisible. Hoy, cerca del 30% de los chilenos vive con hipertensión arterial y un 14% con diabetes, además los accidentes cardiovasculares se mantienen entre las principales causas de muerte. Estas cifras no son exclusivamente nuevas, pero la pandemia actuó como un acelerador a raíz del cambio en el estilo de vida de las personas, dónde dejó al descubierto la fragilidad de la salud en el país que, tras la pandemia, es considerablemente más crónico.

Un aumento del 125% 

Según el Informe de Monitoreo Nacional de Síntomas y Prácticas Covid-19 en Chile (Movid-19), en 2020 apenas un 31% de los pacientes crónicos reportaron acceder a algún control de su enfermedad desde el inicio de la pandemia. Las principales razones del abandono de las consultas fueron el miedo al contagio, cancelación del servicio de salud y la saturación del sistema.

Patricia Gómez, diabetóloga y jefa de la sección de diabetes en el Hospital Clínico de la Universidad de Chile, explica que durante la emergencia sanitaria hubo una rotación constante del personal de salud que dejó al debe muchas atenciones que, en consecuencia, agravaron a varios enfermos crónicos al no tener acceso a controles. 

“Muchos pacientes dejaron de consultar, por lo que su diagnóstico tardío implicó que las enfermedades estuvieran más avanzadas”, agrega Tania Alfaro, epidemiológica de la escuela de Salud Pública de la misma casa de estudios.

Para medir el impacto de las enfermedades crónicas en Chile, el Programa de Salud Cardiovascular (PSC) del Minsal partió en 2002 como la evaluación del riesgo cardiovascular de forma integrada en los pacientes, considerando solamente la hipertensión y la diabetes. Con el paso de los años, se agregó la dislipidemia (control del colesterol alto), el tabaquismo y otras enfermedades asociadas a accidentes cerebrovasculares. 

Según el Anuario de Estadísticas de Atenciones y Recursos para la Salud (2020–2024) del Sistema Nacional de Servicios de Salud (SNSS), entre 2020 y 2024, el PSC aumentó sus ingresos de 133 mil personas a casi 300 mil respectivamente: un aumento del 125%, que refleja el profundo impacto de la emergencia sanitaria en estos tratamientos.

Las principales enfermedades acogidas fueron la hipertensión, la diabetes, la dislipidemia y aquellas contempladas dentro del Protocolo Hearts, una estrategia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que llegó a Chile en 2016 para fortalecer la atención primaria en la prevención y control de las enfermedades cardiovasculares. A partir del 2023, inmediatamente después de la pandemia, Hearts se integró al Programa de Salud Cardiovascular y se convirtió en el estándar nacional para el manejo del riesgo cardiovascular en Chile. 

Con todos estos factores, la situación de las enfermedades crónicas —que se duplicaron tras el Covid-19— no solo refleja un aumento por la emergencia sanitaria, sino también el desafío del sistema de salud chileno de adaptarse a los nuevos estados de salud, agilizar la atención de pacientes crónicos y buscar nuevos casos potenciales. 

Los efectos invisibles de la pandemia

La epidemióloga Tania Alfaro indica que el cambio del estilo de vida durante la pandemia tuvo efecto en los hábitos alimentarios, lo que contribuye a esta alarmante alza. “El encierro, el auge del delivery y las dificultades para acceder a alimentos frescos complicaron mantener una dieta equilibrada. A esto se sumó el aumento del sedentarismo por las largas horas frente a pantallas, creando un escenario que favoreció el aumento de peso en buena parte de la población”, explica la especialista.

La exposición de los pacientes al virus también fue un factor importante para la evolución de enfermedades crónicas, ya sea por fenómenos biológicos producidos por el Covid o a raíz de los tratamientos indicados para este tipo de cuadros respiratorios.

Por ese lado, Patricia Gómez explica que, biológicamente, la pandemia provocó una fuerte respuesta inflamatoria en el cuerpo, y eso aumentó el riesgo de desarrollar distintas enfermedades crónicas:“No solo diabetes, también hipertensión, cáncer, problemas cardíacos o hepáticos, además algunos tratamientos usados durante la enfermedad, como los corticoides, elevaban los niveles de azúcar en la sangre, lo que agravó el cuadro en muchos pacientes”.

Con todo, las expertas coinciden en que no fue solo la pandemia, sino factores estructurales de la emergencia sanitaria los que provocaron la situación crónica actual. El desafío está en fortalecer la prevención y el diagnóstico oportuno en toda la red asistencial, y así evitar que las cifras sigan aumentando. 

La crisis sanitaria evidenció la fragilidad del sistema ante las enfermedades crónicas no transmisibles, pero de todas formas impulsó estrategias que buscan dar continuidad a los tratamientos y fomentar hábitos de vida más saludables en la población chilena, mientras que el sistema de salud, tras la pandemia del Covid-19, busca nuevos mecanismos de prevención y tratamiento ante una alarmante realidad. 

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