Valentina Toro, más allá del tatami
Es la karateca más destacada del país, licenciada en Ciencias de la Ingeniería y en el tramo final de la carrera de Ingeniería Civil Industrial. De sólo 25 años, desde 2022 está en el top cinco a nivel mundial en su disciplina, se ha consagrado como la mejor del continente en la categoría de -55 kilos y hoy está trabajando para ser la mejor del mundo.
Por Martín Cusó y Sofía Díaz
Valentina Toro Meneses (25) empezó a practicar karate a los siete años, pero fue a los trece que empezó su camino como una deportista de alto rendimiento. En el año 2011 perdió el nacional de karate, momento que marcó un antes y después en su carrera: “Lloró mucho. Su entrenador habló con ella y le dijo que tenía todas las condiciones, pero que debía trabajar más”, recuerda su padre, Patricio. Hasta ese momento, Valentina entrenaba sólo una vez por semana y tenía poca disciplina, pero luego de esa charla se comprometió a tomarse en serio el karate, y así lo hizo: al año siguiente ya había ganado su primera competencia panamericana.
Desde entonces ha sido campeona panamericana más de cinco veces, cuenta con tres medallas de oro de la Karate1 Premier League y en el 2024 recibió el Premio Elena Caffarena Morice en la categoría de deportes. Es la karateca más importante del país y su figura representa un gran impulso para el karate: “En Chile se premia el logro, no el proceso, y Valentina es una de las personas que demostró que el karate tiene un nivel muy importante y que hay que apoyarlo”, dice Rolando Reyes, quien se encarga de gestionar la presencia de Toro en la selección de karate de la Universidad de Santiago de Chile (Usach).
Pero Valentina Toro es más que una deportista de élite: es licenciada en Ciencias de la Ingeniería de la Usach, está terminando la carrera de Ingeniería Civil Industrial en la misma casa de estudios y ha construido una plataforma sólida en redes sociales, acumulando más de 500 mil seguidores entre Instagram y TikTok. Para Kathy López, una de sus amigas más cercanas, la autenticidad y la perseverancia de Valentina son sus mayores cualidades: “Dentro de los famosos puede darse que la personalidad que aparentan no es la real, pero en este caso, la Vale es así. Siempre ha mantenido en su cabeza el foco de ser la mejor y va a seguir luchando sin que nada la perturbe por dentro”.
Pese a las derrotas que ha enfrentado en su carrera, Toro se mantiene resiliente: su mayor sueño es ser la mejor karateca del mundo y siempre se muestra receptiva a las correcciones de sus entrenadores. “Aunque en algún momento yo pueda estar equivocado, Valentina nunca me lo ha enrostrado. Es muy humilde, tiene una capacidad de asimilar lo que le dicen y sacar lo bueno”, dice Rolando Reyes.
Toro ingresó a la selección de la universidad en el 2018 a través del Cupo Deportista Destacado, al que accedió luego de ganar la Copa Futuro Cachorro —evento deportivo de la Usach destinado a estudiantes de enseñanza media— el año anterior. Entró como novata, pero su talento y sus logros previos rápidamente potenciaron su imagen pública: “Conocí a la Vale porque es la mayor exponente de karate en Chile, cualquier persona que practica karate sabe quién es. Cuando llegué a la selección me pareció muy humilde y con una energía muy alegre”, comenta Llanka Valdivia, compañera de karate en la Usach.
Formando carácter
El primer acercamiento de Valentina al karate fue en el año 2007, cuando su papá la convenció de que se metieran juntos a un dojo de avenida Matta, cerca de donde vivían en ese entonces. “Íbamos a un dojo súper tradicional, todos eran de su edad, entonces él la pasaba chancho, pero yo tenía siete, quería hacer otras cosas. No me gustó mucho”, recuerda la karateca sobre sus inicios. Su amor por el deporte no fue inmediato, pero su sensei de ese entonces, Claudio Báez, le vio gran potencial y a los trece años la mandó al Centro de Entrenamiento Olímpico (CEO), donde se terminó enamorando del karate.
Además de karate, cuando entró al CEO empezó a practicar otros deportes, como gimnasia artística, baile y cheerleader, disciplina por la que casi deja las artes marciales. “A mi papá no le gustaba, le daba miedo porque me podía caer”, contó el año pasado en su paso por La Divina Comida. En ese punto de su vida prefería el cheerleader por sobre el karate, pero el temor de su padre se terminó cumpliendo: Valentina era flyer y se cayó en un lanzamiento, lastimándose la parte del coxis. “Les dije que me había caído en el baño, pero se dieron cuenta de que era mentira. Me tuvieron que llevar a la clínica y ahí me sacaron”, detalló en el mismo programa.
A diferencia de su papá, a Paola Meneses, su madre, no le agradaba la idea de que se dedicara al karate: “No confiaba en que iba a llegar lejos. O sea, no sé si no confiaba, pero no le gustaba mucho. ‘El deporte no es para vivir, así que usted tiene que estudiar’, me decía”, comentó la deportista en el programa de Chilevisión. Pero Toro demostró que es posible seguir ambos caminos: entró a la Usach gracias a una beca deportiva y hoy cuenta con el apoyo de marcas como Sparta, Gatorade, Mitsubishi Motors Chile y Adidas, debido al éxito que ha alcanzado.
Gracias a sus logros, desde el año 2018 es beneficiaria de la Beca Proddar, un incentivo económico mensual que el Estado le entrega a ciertos deportistas de alto rendimiento. En karate pueden postular deportistas desde los 16 años que hayan obtenido logros internacionales destacados, y tanto el monto que obtienen como la vigencia de su beca se ajusta a sus reconocimientos. Al haber ganado los Juegos Panamericanos de Santiago 2023, la beca de Valentina es nivel 3 y estará vigente hasta el año 2027; en orden de renovarla, debe mantener o superar aquella victoria.
Hoy, este beneficio le permite entrenar tranquila, pero antes de llegar a este punto de su carrera, sus mayores auspiciadores eran sus padres, quienes atravesaron múltiples crisis siete meses antes de que Toro saliera campeona panamericana. Patricio y Paola trabajan en catering y en el 2020 sufrieron el robo de uno de sus camiones, lo que los llevó a perder su empleo: “Mis papás entraron en depresión severa, más que nada mi papá. En marzo de 2023 tuvo una crisis, se fue para abajo… mi mamá me llamó desde el hospital y me dijo que estaba en coma. Mi papá ya no quería seguir viviendo”, contó la karateca en La Divina Comida.
Sin entender por completo la situación, Valentina llegó al Hospital Barros Luco lo más rápido que pudo, mientras le hablaba de su papá a una amiga suya que falleció hace un par de años. “Yo soy hija única, mi papito lo es todo para mí”, dice al recordar la angustia del momento. Cuando su papá despertó del coma le tuvieron que hacer un escáner de cuerpo completo, en el que descubrieron que tenía cáncer renal. “Yo tenía que irme a otro continente y no quería viajar, no quería entrenar; tenía los Juegos Panamericanos y decía ‘sin mi papito no voy a poder’. Y aun así tuve que seguir entrenando y peleando”, agregó.
Mala racha
Luego de un 2023 agitado, Valentina tuvo un 2024 lleno de éxitos: se posicionó como la mejor en la categoría -55 kilos tras una medalla de bronce y dos de oro en las Premier League. Llegar a la cima le dio mayor reconocimiento, pero también le puso mucha presión para mantener el nivel de excelencia durante el 2025, lo que le ha sido complicado: no pasó la fase de grupos en tres de las Premier League de este año y perdió el paso a la final en el Campeonato Panamericano. “Me había ido de todas las competencias llorando, me devolvía en el avión llorando después de pelear”, contó en La Tercera a mediados de junio de este año.
Aunque su año no ha sido fácil, tuvo dos victorias fundamentales para su carrera: en junio sacó el primer lugar en la Karate1 Premier League disputada en Rabat, Marruecos, y en octubre ganó el oro en la Serie A de Kuala Lumpur, Malasia. Además, durante agosto triunfó en el bronce en los Juegos Mundiales de Chengdú, China, dándole a Chile la primera medalla de karate en este evento. “Aunque nos encantaría, el éxito no es lineal. El karate es un deporte muy estratégico: basta con poner mi nombre en YouTube y están todas mis peleas. Así es más fácil leerme”, dijo en El Deportivo respecto a los altibajos de su carrera.
Valentina Toro se coronó como la mejor karateca juvenil del mundo en los campeonatos U21 (2019), sub 16 y sub 17, por lo que sólo le queda ser la número uno en la categoría adulta. La derrota en el Campeonato Mundial de Karate de El Cairo fue su mayor y más reciente caída en el ámbito deportivo: esperaba ganar el oro, pero perdió el pasó a la final y también la pelea por el bronce. A través de sus redes sociales transparentó su decepción y frustración, pero también agradeció el apoyo de sus seguidores y se mostró decidida a dar vuelta el resultado en las próximas competencias: “Queda mucho camino aún, no me voy a rendir. Quizás no era mi momento, pero sé que llegará”, escribió en su Instagram.
Según el entorno de Valentina, la karateca se caracteriza por tener una personalidad centrada y nunca darse por vencida: “Tiene muy desarrollada la mente deportiva, no deja que la tristeza o la frustración le afecten. Tiene marcada la resiliencia; supe que pasó por un periodo malo en términos deportivos antes de llegar a ser lo que es hoy. Es admirable”, dice Fernanda Neira, exseleccionada de karate del Team Chile.
Fuera del dojo
En octubre de 2024, Valentina Toro dirigió la primera clínica deportiva de karate Usach. La sesión estuvo enfocada en maneras de aproximarse al rival y cómo identificar el momento justo para ejecutar las técnicas de combate. Muchos de los asistentes ingresaron ese mismo año a la selección de la universidad, por lo que este evento fue su primera oportunidad para convivir e interactuar con ella. Respecto a esto, Rolando cuenta: “Al principio estaban todos súper nerviosos porque veían fotos, carteles de ella en la calle, y yo estaba como ‘chiquillos, es su compañera, viene en esa calidad; atrévanse, pregúntenle lo que sea’”.
Aunque en esa oportunidad le tocó asumir el rol de profesora, la actitud humilde y receptiva que tiene como alumna se mantuvieron presentes: “Es de las pocas personas que yo encuentro que fluye y se adueña del espacio. Lo que te enseña la exposición mediática es que necesitas un carácter muy fuerte, pero eso no significa ser avasallador. Valentina, donde esté, es Valentina”, agrega Rolando Reyes. Esta autenticidad también se ve reflejada en su vida fuera del tatami, sumando algunos matices que marcan la diferencia entre ambos mundos.
“Dentro del dojo y de la u siempre está muy enfocada, no hay nada que la perturbe. En cambio, la Vale de afuera, como persona, es muy distraída y un poco hiperactiva, se dispersa muy rápido”, cuenta su amiga Kathy López, y agrega que esto no impide que le dedique la máxima atención posible a sus amigos y familia. “Creo que sólo la gente que se queda conmigo lo entiende. He tenido amistades que me duran un año y después no las veo más; tengo una mejor amiga a la que veo una o dos veces al año. Es difícil tener un equilibrio, pero de eso se trata”, admite Toro.
Entre sus torneos y entrenamientos, los eventos a los que la invitan en calidad de influencer, y su participación en instancias para incentivar el deporte en las niñeces —como su capítulo en el podcast Papelina y Papelón—, encontrar tiempo para seres queridos es complejo, pero ellos reconocen y valoran el esfuerzo que hace para lograrlo. Al respecto, López cuenta: “Siempre la he sentido muy presente en mi vida. Independientemente de que esté full karate o en otro país, si yo la necesito o ella me necesita, siempre estamos mutuamente”.
Por otro lado, y sumando al contraste entre sus facetas, Valentina comparte abiertamente sus pensamientos y vivencias, incluso si hacerlo resulta en polémicas –como la que tuvo en mayo del 2024 con el futbolista Nicolás Castillo– o si se trata de temas delicados, como la balacera de la que Claudio Báez (el sensei que la impulsó a transformar el karate en una carrera) fue víctima en abril de este año mientras hacía clases. También comparte aspectos más tiernos y cómicos de su infancia, como la historia detrás de su aparición en el comercial de Chocapic para el día de la madre en 2009 o el cameo que hizo en la serie Los Ochenta a los diez años.
La dedicación con la que Valentina lucha por cumplir sus objetivos y su pasión por el deporte le han permitido dejar el karate chileno en alto a nivel internacional, pero sus años dorados recién comienzan y le queda mucho talento que mostrar en el tatami. En palabras de Llanka: “Yo siento que esa acumulación de disciplina, carácter y seguridad es lo que la ha llevado tan lejos. No es sólo talento, es su capacidad de mantenerse firme, creer en su entrenamiento y salir a competir con el corazón”.
