Administrar el poder en el nombre de Dios
Álvaro Ramis, rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC), comenta el último libro de la periodista de investigación María Olivia Mönckeberg: «En el nombre de Cristo. El poder evangélico en Chile» (Debate, 2025).
El nuevo libro de María Olivia Mönckeberg es una investigación periodística exhaustiva. En ella, la autora nos sumerge en la creciente influencia de las iglesias evangélicas en Chile, ofreciendo un análisis minucioso sobre su impacto en la esfera pública nacional. “En el Nombre de Cristo: anatomía al Poder Evangélico en Chile” nos enfrenta a una realidad sobre la que, por mucho tiempo, nadie reparó.
Esta investigación no es una obra aislada en la trayectoria de María Olivia Mönckeberg; por el contrario, representa una continuidad en su reconocida línea de investigación sobre el poder en Chile, donde ha desentrañado las complejidades de las élites económicas, los medios de comunicación y las esferas políticas, demostrando habilidad para revelar las redes que definen el ejercicio del poder en el país.
La autora dirige su lupa hacia una dimensión que, si bien siempre estuvo presente, ha ganado una relevancia inusitada en los últimos años. Con su característica perspicacia, Mönckeberg documenta el ascenso de las iglesias evangélicas y las integra a cartografía del poder nacional, con una investigación que conecta lo espiritual y lo secular, lo doctrinal y lo político, mostrando cómo la fe se entrelaza con las estructuras políticas, la formación de opinión pública y la configuración de valores sociales.
El recorrido por el universo evangélico y protestante chileno se realiza con respeto y un nivel de detalle excepcional. Lejos de caer en generalizaciones simplistas o visiones monolíticas, la autora se esmera en mostrar la diversidad de este campo. Explorará las distintas denominaciones, sus orígenes, sus diferencias doctrinales y sus variadas expresiones sociales y políticas, revelando los matices que a menudo se pierden. Para ello, Mönckeberg entra en las historias de vida de los protagonistas, y es que no se limita a describir estructuras o movimientos, sino que rescata las experiencias personales de líderes, pastores y feligreses: sus motivaciones, sacrificios, éxitos, pero también sus contradicciones y errores. Estas narrativas ofrecen una perspectiva empática y holística sobre cómo la fe se vive y se traduce en acción, y cómo los individuos navegan las tensiones entre sus creencias personales y las demandas de la vida pública y comunitaria.
El libro subraya, además, la alarma que genera el ejercicio de un poder invasivo: abusos de conciencia, prácticas que manipulan la fe o la devoción de los creyentes para fines ajenos a sus intereses o bienestar. Asimismo, examina con rigurosidad los casos donde se produce una ruptura de los límites de la confianza que se deposita en figuras de autoridad religiosa. Estos elementos no solo socavan la integridad de las comunidades, sino que también plantean preguntas críticas sobre la ética y la transparencia en la relación entre líderes y fieles, encendiendo una señal de advertencia sobre los riesgos que puede entrañar un poder sin contrapesos efectivos.
En otra línea, esta investigación revela el efecto del neoliberalismo, el retiro del Estado y la desindustrialización en ciertas regiones, como el Biobío, mostrando cómo estos factores han influido en el desarrollo de estas comunidades. Mönckeberg desafía directamente la interpretación predominante de la obra de Lalive d’Epinay. Según la autora, la noción de que «El Refugio de las Masas» presentaba el pentecostalismo como una opción meramente «apolítica» ha sido un error de comprensión fundamental. Por el contrario, sugiere que el análisis de Lalive d’Epinay apunta, en realidad, a una opción «antipolítica». Esta distinción es vital: una postura «apolítica» implica una falta de interés o desvinculación con lo político, mientras que una postura «antipolítica» denota una oposición activa y consciente a las estructuras, mecanismos o influencias de la política tradicional.
Esto no es un mero matiz semántico; tiene profundas implicaciones para entender cómo las iglesias evangélicas se relacionan con el poder y la esfera pública. Si la opción es «antipolítica», entonces la aparente distancia de lo electoral o lo partidista no significaba una ausencia de impacto en la sociedad, sino una forma particular de ejercer influencia o de construir una esfera de acción por fuera de los canales convencionales, lo que, en el contexto actual, adquiere una relevancia inusitada.
Este vínculo se refuerza con un conservadurismo arraigado que tiende a percibir cualquier normativa o avance basado en derechos universales —sean estos laborales, de género, sexuales o de cualquier otra índole— como una amenaza directa a su forma de vida y a los valores tradicionales que defienden. En este contexto, la flexibilidad y la menor supervisión que caracterizan a la economía informal se alinean con una visión del mundo donde la autoridad estatal es vista con desconfianza, y las libertades individuales (especialmente las económicas y las de conciencia) priman sobre las regulaciones colectivas.
Esta convergencia crea un ecosistema donde la informalidad se ve no solo como una vía económica, sino también como una expresión de una identidad y un sistema de valores que se opone a la expansión del Estado y a la universalización de ciertos derechos. Este último punto es particularmente inquietante, ya que la situación descrita pone en riesgo elementos fundamentales de la democracia, invitando a una reflexión profunda sobre las implicancias de esta creciente influencia.
