“Desconozco el tipo de izquierda de este Gobierno”
El precandidato cuestiona el modelo “neoliberal y capitalista” que está instaurado en Chile y rechaza las medidas “cosméticas” de la administración del Frente Amplio, a quienes sindica meramente como “administradores”. En cambio, propone una asamblea constituyente a la que llama real y un cambio estructural para combatir la delincuencia.
Profesor de profesión y candidato a dos elecciones presidenciales previas, Eduardo Artés (73) busca una nueva oportunidad para aspirar a La Moneda. Todavía le faltan los patrocinios –cerca de 35 mil según la ley–, pero el fundador del Partido Comunista (Acción Proletaria) no pierde la fe en conseguirlos.
Su propuesta, dice, es de un “gobierno patriótico popular” cimentado en las luchas del pueblo trabajador. Y considera que es el único candidato verdaderamente de izquierda. Con un tono confrontacional, el precandidato lanza duras críticas al oficialismo y lo acusa de meramente “gestionar” el modelo económico que hay en Chile, al que atribuye incluso la delincuencia del país.
Y aunque demuestra una profunda convicción, no duda en dejar algunas de sus propuestas en manos de la gente: si “el pueblo” así lo desea y es posible en el Congreso, no duda en implementar medidas tan polémicas como la pena de muerte a grandes narcotraficantes y otros delincuentes de gran magnitud, todo, dentro de la sabiduría popular.
—Usted va como candidato independiente. ¿Qué lo diferencia de los otros candidatos de izquierda?
—Bueno, es que no hay otro candidato de izquierda; yo desconozco la calidad de izquierda, por ejemplo, de quienes hoy día están en el gobierno, desde Jeanette Jara hasta Winter y Tohá. Ellos han administrado un modelo neoliberal, capitalista y proimperialista. Por ejemplo, lo que Jara muestra como una gran victoria es una gran pérdida para los trabajadores y para los jubilados.
—¿La reforma previsional no le parece un avance?
—No, es un retroceso absoluto. El reclamo era no más AFP, porque la AFP no da pensiones, porque la AFP es un robo y al final se transforma en más AFP, que resultan fortalecidas.
—¿Qué aprendió de sus experiencias previas como candidato presidencial que le puede servir para este nuevo proceso?
— Bueno, indiscutiblemente en cada lucha hay experiencia, hay aprendizaje. El más importante de todos es que hay que profundizar el trabajo en la calle, aunque yo siempre he estado, pero hay que ahondar en la labor con la gente de forma directa. Porque las personas a veces tienen muchos más elementos que entregarte de lo que normalmente el político sabio cree que es. La sabiduría popular es muy fuerte. Lo que pasa es que es despreciada, porque es vista como un saber vulgar. Pero allí están muchas lecciones.
—Usted plantea que la fuerza de las candidaturas de derecha es por un castigo de la gente hacia el gobierno. ¿Cómo piensa revertir la situación?
—La izquierda, que yo le digo una izquierda hidropónica, es decir, sin raíces, sin nexo con el pasado de la lucha de los trabajadores y sin proyecto, está encerrada en círculos de autocomplacencia. Mientras tanto, el pueblo —los trabajadores, los pobladores, los propios estudiantes, la dueña de casa, la pequeña y mediana empresa— vive mal.
Hay que estar entonces con la gente, levantar sus reivindicaciones y hacer entender que con la derecha va a haber más pobreza. La única manera de cambiar esto es enfrentar a ese sector en todos los planos, con una izquierda valiente.
Hoy la encuesta Cadem, que nunca nos ha tomado en cuenta, nos da un 4%; Pulso Ciudadano nos dio un 6,3%. Esa es una muy buena noticia para una candidatura que no es mediática.
—¿Se siente marginado de los medios?
—Absolutamente, los medios tienen una línea editorial de acuerdo a quienes son sus dueños. Ni la línea editorial del grupo Copesa, ni del grupo Emol, ni de los canales de televisión es la nuestra. Es clarito eso y claro que a mí no me invitan; llaman a veces a alguien como Rincón, que aparece todo el tiempo y está con un 2%.
—Estamos a menos de un año de que acabe el mandato de Gabriel Boric. ¿Cómo evaluaría su gobierno?
—Un fraude mayor: se presentó como de izquierda, hasta se puso unos lentes como Salvador Allende y, ¿qué ha hecho? Él dijo que solucionaba en un momento la contradicción en La Araucanía, y allí lo único que ha hecho, que no lo hizo ni Piñera, es militarizar; está en estado de Emergencia permanente. ¿Dónde está la solución?
En el tema de las AFP dijo que iba a terminar con ellas; las fortaleció. Se acabó el negocio de las Isapres y tienen más operaciones que nunca; la devolución de dinero se transformó en un chiste. ¿Qué ha hecho este gobierno que pueda ser calificado como positivo? Su inoperancia, su mala calidad y su cobardía han logrado que la derecha levante cabeza.
“Gobernaremos con decretos”
— De ser presidente, ha dicho que no gobernaría con la institucionalidad vigente y que impulsará una asamblea constituyente.
—Así es, si yo llego a presidente y en el Congreso no están de acuerdo con los proyectos de ley que tenemos, no mandamos más proyectos; que flojeen, que pasen el tiempo que sea necesario ahí, con grandes sueldos y viviendo como príncipes. Nosotros gobernaremos con decretos leyes y con medidas administrativas dentro del marco que hoy día existe. A partir de aquello, vamos a proponer una verdadera y auténtica asamblea constituyente donde la gente pueda tener representantes, no como han sido los otros dos procesos, que han sido elecciones igual que las de diputados y senadores. Esas elecciones no son democráticas, porque gana el que tiene más lucas.
—Ha planteado la pena de muerte para ciertos delincuentes, como narcotraficantes. ¿Lo sostiene?
—Esa posición tendría que ser discutida en un plebiscito o una asamblea constituyente, que sea el pueblo quien decida, porque es una posición muy dura. Lo que sí es claro es que si hoy día la pena de muerte queda en mano de un gobierno como el de Kaiser, ¿a quién va a asesinar Kaiser? Va a perseguir a la izquierda, a los revolucionarios.
Las medidas que yo propongo no son para cualquier gobierno. Porque una medida “A” en un gobierno patriótico popular como el que planteamos nosotros y en un gobierno ultraderechista con connotaciones fascistas como Kast, Kaiser o Matthei, lo usarán en su beneficio.
—Matthei también propone la pena de muerte. ¿No sería atentar contra los derechos humanos?
—Cuando tú hablas de derechos humanos tienes que tener en cuenta algunos elementos esenciales. El derecho a la vivienda, la educación, la alimentación y a la vida digna, esos son derechos fundamentales. Quien atenta contra eso, así sea un gran empresario, debe ser castigado. Eso no significa que vaya a ir a la pena de muerte ni mucho menos. Eso lo va a decidir el pueblo en un evento completo.
“A los delincuentes la mano más dura del mundo”
— Uno de los temas más criticados y comentados de los gobiernos últimamente ha sido el tema de la seguridad. ¿Cuáles serían sus medidas para enfrentar la delincuencia?
—Chile, como sociedad neoliberal y capitalista, es una sociedad delictual, desde arriba hasta abajo. Pasa desde aquellos de cuello y corbata hasta la delincuencia callejera. Uno de los orígenes de la delincuencia es que no tenemos un proyecto de país. Cada uno vive una realidad particular e individual. Entonces, ¿qué pasa? Me importa poco lo que le pase al otro. Si yo tengo que robarle al otro para obtener lo que yo quiero, está bien. Es mi libertad individual por encima de lo colectivo. Esta sociedad nos ha llevado a esa forma de pensar.
—¿O sea que solo radica en cambiar el modelo de país? ¿O hay otras medidas?
—También medidas formativas, de educación y el trabajo, trabajo digno. Los vendedores ambulantes en Chile son cientos de miles en todo el país. Los ingresos que obtienen, según los estudios del propio Ministerio del Interior, son 800.000 pesos mensuales más o menos de ganancia. Hay otros que están ahí con un pañito vendiendo ropa usada, artículos diversos y ganan una miseria. Si tú tienes un país industrializado -que por cierto en Chile no hay industria, lo que es otra barbaridad- los jóvenes estudian, después salen y no tienen empleo porque no hay y se les vende una ilusión de profesión. No hay industria y la gente tiene que ganársela como pueda. Ahora, a los delincuentes propiamente tales, la mano más dura del mundo, pero una mano dura que signifique reeducarlos.
—En materia de relaciones internacionales, el año pasado el presidente Gabriel Boric, posterior a las elecciones de Venezuela, dijo que eran un fraude y las calificó como una “falsa victoria». Si usted llegara al poder, ¿qué relaciones mantendría con Venezuela?
—Dos cosas: yo estuve en las elecciones en Venezuela, fui observador y estuve en más de 50 recintos electorales. Bueno, dicho esto, la verdad es que el fraude era imposible por dos razones. Una, tú votas en la caja, pero antes de eso, hay que votar de forma electrónica y la maquinita te entrega el voto que tú vas a depositar enseguida en la urna; después tiene que coincidir ambas cosas, hay doble conteo.
Segundo, a todos los apoderados de mesa de los distintos partidos les entregan una copia y suman las actas. En muchos de los recintos en los que estuve no había apoderados de Edmundo Gonzalez, que era el candidato opositor más votado. Si tú no estás en ningún recinto como apoderado, ¿de dónde sacaste el acta? Entonces ahí dejo mi duda y no estoy de acuerdo con el fraude.
Sin embargo, Boric no se demora nada en saludar a Daniel Noboa, un gringo, un yanqui nacido en Miami, que piensa como gringo y actúa como gringo y que hace un fraude de más de 1 millón de votos. El fraude fue hecho de tal manera en Ecuador que, si así hubiese sido hecho en Venezuela, el escándalo hubiera sido mayor todavía.
—¿Entonces reconocería a Maduro y no a Noboa?
—Los gobiernos se lo dan a los países. ¿Cómo los países tienen su propio gobierno? A mí me gustaría que fuera con una gran participación del pueblo.
Pero eso no lo decido yo, lo deciden los países y los pueblos. A mí no me gusta Donald Trump, pero ¿quién es el presidente de Estados Unidos? Donald Trump. ¿Con quién te relacionas tú? Con el presidente en ejercicio, te guste o no te guste. Así sea un golpe militar y asuma un milico, ¿Y qué haces tú? Decir «no, yo decido qué tiene que ser otro el presidente», si a mí no me gusta, es lo que hay. Es el pueblo y ese país el que tendrá que reaccionar y colocar a quien más le convenga; ese es un problema interno de cada país.
Yo quisiera mantener las mejores relaciones con todos los que no tengan injerencia en los asuntos internos de Chile. El que se mete con los temas internos de Chile, yo también le voy a responder; esa es otra cosa. Ahora, nosotros no queremos meternos con los otros países, aunque no estemos de acuerdo con el estilo de gobierno. Por ejemplo, tú me preguntas, «¿Yo quiero tener buenas relaciones con los gringos?» Claro que sí. Pero que no se metan en nuestros asuntos.
—Kaiser y Matthei, ¿le parecen una amenaza para la democracia y los derechos humanos?
—Kaiser es un bobo, es un elemento que trabaja todos los días para la izquierda. Sus estupideces, su incapacidad, su ignorancia y su brutalidad de propuestas harían que el pueblo chileno no soportara 6 meses de un gobierno de Kaiser. Aquí las manifestaciones y la lucha serían increíbles; tendría que mandar a los militares.
