Roxana Ramírez: la promesa de la velocidad chilena

Roxana Ramírez

Roxana Ramírez: la promesa de la velocidad chilena

A comienzos de mayo, la atleta de 16 años cruzaba continentes para competir con Las Pumas en África en el Mundial de Relevos. Hoy, vuelve a entrenar en el Estadio Santiago Bueras de Maipú, las pistas que la ven rompiendo marcas para el atletismo nacional.

 

En la pista atlética del Estadio Santiago Bueras, en la comuna de Maipú, Roxana Ramírez entrena como de costumbre, riéndose con sus compañeras y disfrutando de su adolescencia. Sin embargo, durante la primera semana de mayo se encontraba en Botsuana —país del sur de África— representando a Chile junto a Las Pumas —equipo nacional de relevo 4×100— en el Mundial de Relevos 2026, donde además fue la atleta más joven del campeonato.

 

En el encuentro deportivo, el cuarteto de deportistas no logró clasificar al Campeonato Mundial de Atletismo 2027 en China, pero obtuvo el quinto lugar de la tabla con un tiempo de 44,31 segundos.

Créditos: Óscar Muñoz / @fotografiadeportiva

Un resultado auspicioso que refleja un ascenso meteórico. Con apenas 16 años, la velocista consiguió dos medallas de oro en los Juegos Suramericanos de la Juventud Panamá 2026, luego de imponerse en las pruebas de 100 y 200 metros planos y establecer nuevos récords del torneo con tiempos de 11,69 y 24,10 segundos, respectivamente.

 

El 14 de marzo, Ramírez ya había alcanzado una nueva marca nacional en la categoría U18 en los 200 metros, durante el Meeting Circuito de Apertura, organizado por el Club Deportivo Universidad Católica. La velocista cruzó la meta con varios metros de ventaja sobre el resto de las competidoras y registró un tiempo de 24,09 segundos. Con una centésima menos se quedó con el récord chileno, que pertenecía a Pilar Rodríguez desde noviembre de 2025. 

Roxana llegó a Chile a los ocho años, luego de emigrar desde Venezuela junto a su familia. En su país natal, correr era solo un juego: trotaba largas distancias por diversión, sin imaginar que esa pasión marcaría su futuro. Al llegar a Chile descubrió un mundo nuevo entre pistas, competencias escolares y entrenamientos de velocidad. Fue entonces cuando el atletismo dejó de ser un pasatiempo y comenzó a transformarse en su proyecto de vida.

 

En Maipú, entre las pistas del Estadio Santiago Bueras y las primeras competencias escolares, descubrió el atletismo de velocidad y se adaptó a un nuevo entorno. Con el tiempo, la pista también se transformó en un espacio de integración, amistades y pertenencia. Aunque nació en Venezuela, gran parte de su historia deportiva se construyó representando a Chile en campeonatos internacionales. “Fue una muy buena experiencia venir a Chile, aquí descubrí que me gustaba mucho correr”, reflexiona.

 

Comenzó entrenando pruebas de semifondo —disciplinas que combinan velocidad y resistencia en distancias entre los 800 y 3.000 metros—, pero con el tiempo encontró su verdadera pasión en el atletismo de velocidad. Los 100, 200 y 400 metros la conquistaron con su intensidad y explosividad, donde cada milésima de segundo puede marcar la diferencia. Con los años, las medallas y récords terminaron por confirmar que ese cambio definiría el rumbo de su carrera deportiva.

 

Créditos fotográficos: Óscar Muñoz / @fotografiadeportiva

La pista como refugio

Tenía 12 años cuando comenzó a competir en pruebas de velocidad. Recuerda que en una de sus primeras carreras no logró clasificar a la final y que, en la siguiente, terminó en el último lugar. Pero lejos de desmotivarse, esa frustración marcó un punto de inflexión: “para la otra voy a ganar”, pensó.

 

Con el tiempo, las pistas comenzaron a ocupar un lugar central en su vida. Después del colegio, sus tardes transcurrían entre entrenamientos, competencias escolares y largas jornadas  junto a sus amigas. Allí encontró mucho más que un deporte, descubrió un espacio donde podía desconectarse de los problemas y sentirse cómoda. “Es mi lugar seguro”, admite.

 

Aunque la pandemia de Covid-19 puso en pausa las competencias y cerró temporalmente las pistas, no rompió su vínculo con el atletismo. Durante el encierro entrenaba diariamente por videollamada, junto a su entrenador y compañeras. Realizaba ejercicios adaptados al espacio reducido y al trabajo con peso corporal. Esa constancia fue clave en su crecimiento deportivo y en los resultados que más tarde alcanzaría a nivel internacional.

 

Créditos fotográficos: Matias quezada / @mquezada.foto

El compañerismo y la amistad también se volvieron una parte esencial de su experiencia en el atletismo. Entre sus compañeras de equipo hay deportistas menores y mayores que ella, algo que, dice, hace el ambiente mucho más entretenido. Ahora, representan “una segunda familia», una red de apoyo que la cuida en todas las instancias, ya sean deportivas o personales.

 

“Espero que siempre sepa que estoy tremendamente agradecida por todo el cariño que recibo de su parte y de su familia, y que siempre podrá contar conmigo para lo que necesite”, dice su amiga Ignacia Fernández. Retrata a Roxy como una persona muy cercana y contenedora que “siempre me alegra con sus gritos, sus locuras y su música a todo volumen cuando llego estresada a la pista por la universidad”. Asegura que es una joven llena de motivación y generosidad, capaz de transmitir alegría incluso en los momentos más difíciles.

 

Fuera de las medallas, récords y competencias internacionales, Roxana vive el atletismo como cualquier adolescente. De lunes a viernes sale de clases cerca de las cuatro de la tarde y llega a entrenar antes de las seis. Las jornadas de entrenamiento terminan después de horas de trabajos de velocidad, ejercicios físicos y repeticiones en la pista.

 

Luego de entrenar hasta cerca de las nueve de la noche, hay tareas, pruebas y materias pendientes. Esa carga se siente más fuerte al regreso de competencias internacionales. Debe volver directamente a la rutina escolar con evaluaciones acumuladas y pocas horas de descanso.  “Me cuesta demasiado”, reconoce.

 

Créditos fotográficos: Matias quezada / @mquezada.foto

Entre el colegio y los circuitos internacionales

Mientras la mayoría de los adolescentes pasan sus días entre clases y tareas, a veces, Roxana está al otro lado del mundo representando a Chile. Como cuando tuvo que hacer una seguidilla de viajes desde América hasta África en cuestión de horas para  competir, volver a casa, preparar otra maleta y partir nuevamente junto a Las Pumas para disputar el Mundial de Relevos 2026.

 

Durante esta entrevista, todavía luce el esmaltado que se hizo para las competencias fuera del país, con los colores de la bandera chilena.

Gentileza de Roxana Ramírez

La mayoría de las veces, Roxana viaja únicamente con su entrenador o junto a la delegación chilena. Sus seguidores más fieles —su familia— suelen quedarse en Santiago, por el alto costo de los pasajes y la estadía.

 

La atleta recuerda la escala en Chile entre Panamá y Botsuana. “Tuve que perderme la clausura de los Juegos. Me premiaron y me vine enseguida a Chile para llegar y salir al aeropuerto rumbo a Botsuana. Viajé sola y a mí no me gusta estar sola, entonces me dio un poco de cosa ese viaje”, cuenta.

 

El desgaste físico también se hizo evidente durante la travesía. Tras varios días cambiando horarios de comida y descanso, llegó a África con molestias físicas y agotamiento acumulado. Sin embargo, asegura que una vez instalada en Botsuana se reenfocó rápidamente: “Dije, se me tiene que pasar estando acá”.

Por mucho tiempo, Roxana intentó mantener el atletismo lejos de la atención en el colegio. Prefería evitar que profesores y compañeros hablaran demasiado sobre sus logros deportivos o que la destacaran en actos escolares. “Yo representaba al colegio en competencias interescolares, pero ellos no sabían que  practicaba atletismo”, cuenta.

 

Con el tiempo, esa timidez comenzó a desaparecer. Hoy, mientras cursa tercero medio, varios compañeros siguen sus competencias y resultados. Para ella son sus “amigos fans”. Después de cada torneo internacional, cuando vuelve a clases se encuentra con mensajes, dibujos y bienvenidas escritas en la pizarra de la sala, pequeños gestos que la acercan más a su curso. 

 

Aunque todavía admite sentir algo de vergüenza frente a la exposición, reconoce que el deporte la ayudó a abrirse más con quienes la rodean. “Me estoy soltando más”, dice. Ahora, incluso desea el apoyo de sus compañeros desde la tribuna: “Quiero que vayan”. 

Créditos: Óscar Muñoz / @fotografiadeportiva
Créditos: Óscar Muñoz / @fotografiadeportiva

Su hermana, con solo 10 años, sigue sus pasos en la pista. Ella comenta orgullosa que este año clasificó a la final de sus primeros Juegos Interescolares de Atletismo Preparatorio.

 

Roxana Ramírez está decidida a seguir haciendo historia en el atletismo chileno. Por eso, se proyecta en la universidad estudiando una carrera que le permita seguir compitiendo. “Aún no tengo decidido qué quiero estudiar, pero sí o sí será algo que me dé el tiempo suficiente para entrenar”, explica. 

 

Por ahora, sus desafíos más próximos son el Campeonato Mundial de Atletismo U20 de Oregón, que se disputará en septiembre y para el que ya comenzó a prepararse mientras continúa persiguiendo el gran sueño de representar algún día a Chile en unos Juegos Olímpicos.

 

Créditos fotográficos: Matias quezada / @mquezada.foto

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