Un campo de torturas no se extingue en sus víctimas, ni con la liberación de sus sobrevivientes, pues su espacio se transforma. Cinco mujeres relatan cómo la actividad del Cuartel Terranova marcó sus existencias y las de sus familias. ¿Dónde nace y muere un centro de reclusión?
Villa Grimaldi es el primer recinto de secuestro, tortura y exterminio recuperado de América Latina.
Durante sus años de funcionamiento como Cuartel Terranova (1973-1978), estuvo dirigido por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Se estima que pasaron por allí al rededor de 4.500 personas, de las cuales 241 fueron asesinadas como parte del terrorismo de Estado de la dictadura de Augusto Pinochet.
La persecución política y social que buscaba terminar con los distintos movimientos, partidos políticos y colectividades que apoyaban al gobierno de la Unidad Popular, dirigido por Salvador Allende, cambió la vida de cientos de militantes de izquierda, trabajadores, estudiantes e incluso niñas y niños.
Los siguientes relatos de mujeres resumen travesías humanas y sociales tras su paso por Villa Grimaldi, ubicada en Peñalolén.
Antes del Cuartel Terranova
“Estas fotos avergüenzan a mi familia. Muestran una historia de alegría en la Casona Villa Grimaldi, un espacio donde después se sufrió tanto”, confiesa María Jesús Acuña (28) en compañía de su hermana Gabriela (26). Ambas bisnietas de Emilio Vasallo, fundador del lugar.
En las imágenes, aparece su familia disfrutando las vacaciones de verano. En algunas asoman los nietos de Emilio divirtiéndose en la piscina y en otras destaca un frondoso ombú. Una vez iniciada la dictadura cívico militar (1973-1990), ambos espacios fueron utilizados para torturar por los militares.
Mientras despliega las fotografías sobre la mesa del comedor, Gabriela comenta que nunca han compartido esta historia fuera de su familia. Y enfatiza que las imágenes no pueden hacerse públicas, pues sus parientes desean que nadie vea esos recuerdos.
El plan de su bisabuelo era que Villa Grimaldi se transformara en la casa de campo familiar. “Él la modificaba según sus intereses, los cuales eran muy políticos”, subraya Gabriela.
Desde la cocina, su madre interrumpe la conversación. “La Casona Villa Grimaldi era un sitio de reuniones de tertulia. Don Emilio se juntaba allí con Pablo Neruda y Salvador Allende. Obviamente, el Mamo Contreras quería el lugar”, dice la mujer.
Gabriela añade que su bisabuelo era conocido de Manuel Contreras, el jefe de la DINA, órgano responsable de cientos de asesinatos. Incluso alguna vez lo invitó a la casona. “Después del golpe, el Mamo buscó a mi bisabuelo, lo apuntó en la cabeza con un arma y lo amenazó para que traspasara la propiedad”, detalla Gabriela.
María Jesús la detiene y le ordena que no profundice en esa parte de la historia. Sin embargo, su hermana agrega, sin mayor detalle, que a Emilio Vasallo lo tomaron detenido. Al ser liberado, partió con su familia al exilio en Panamá, donde permanecieron hasta inicios de la década de los noventa.
A su regreso a Chile, los descendientes de Emilio Vasallo no quisieron recuperar el lugar, por trauma. “No pregunte”, es una frase que ha marcado la historia familiar.
“Querer contar la verdad también es un proceso de reparación, pero con mi hermana tenemos que respetar el silencio de algunas personas de nuestra familia. Al final, nosotras no somos las que lo vivieron”, comenta María Jesús, y Gabriela añade que le encantaría dejar un registro de estos hechos.
La única integrante de la familia que ha dejado su testimonio es la hija de Emilio Vasallo, Victoria. Conocida como Toyita, la mujer siempre luchó por la verdad y justicia, convirtiéndose en la socia número uno de la Corporación Villa Grimaldi Parque por la Paz.
Su única entrevista fue realizada por Alejandra Holzapfel (71), vecina de las hermanas Acuña y sobreviviente del Cuartel Terranova. Mismo lugar donde antes de la dictadura, Victoria llevaba a sus tres hijos a vacacionar.
Tras no haber hablado en toda su vida, Toyita falleció dos semanas después de dar su testimonio.
Los años de la tortura
Una vez que los militares tomaron el control de Villa Grimaldi, lo nombraron Cuartel Terranova. Desde ese instante, llegó el tiempo de la extorsión. Los prisioneros se vieron enfrentados a situaciones inhumanas, como extremas condiciones de insalubridad o alimentación insuficiente.
Shaira Sepúlveda (76) es una sobreviviente del lugar. Jamás conoció a Emilio Vasallo.
Después del golpe de Estado, la mujer comenzó a trabajar en el equipo de seguridad de José Weibel, por entonces encargado de la organización y contrainteligencia del Partido Comunista (PC). Ella era su enlace, por lo que tenía que trasladarlo a sus reuniones y supervisar sus casas de seguridad.
En julio de 1975, cayó detenida en la esquina de Sucre con Salvador, mientras prestaba apoyo al exdiputado socialista Carlos Lorca, hoy desaparecido. Sin juicio y vendada, tras pasar por el campo de reclusión José Domingo Cañas, fue llevada a Villa Grimaldi.
“Allí decidí no ser madre. Era común que a los compañeros los torturaran en frente de sus hijos o los amenazaran con hacerles daño. Los tuve muchos años después, cuando ya vivía en el extranjero”, comenta la exmilitante del PC.
Desde el living de su hogar recuerda que eran interminables las horas de interrogación. “En el Cuartel Terranova primero te torturaban y después te preguntaban”, dice Sepúlveda. En su caso, los métodos de extorsión más comunes fueron las descargas eléctricas y los golpes.
La angustia fue un sentimiento que abundaba en el lugar.
Shaira hoy tiene artritis en ambas manos, enfermedad que desarrolló debido a la tensión y el estrés que sufrió en los centros de tortura. “Dentro del partido manejaba muchas responsabilidades y mi mayor miedo era que las descubrieran. Uno nunca sabía cuánto iba a soportar”, confiesa.
El tiempo de la memoria
Tras el retorno de la democracia, gracias a la lucha de distintas agrupaciones, en el año 1994 abrió el Parque por la Paz Villa Grimaldi.
Alejandra Holzapfel fue detenida el 11 de diciembre de 1974 por agentes de la DINA en el departamento donde vivía. Este estaba ubicado a media cuadra de La Moneda. Su primera parada sería el Cuartel Terranova. “Ahí empezó una cadena de tortura y entrega de información”, recuerda.
Tras volver del exilio, la exmirista decidió confrontar ese pasado y trabajó por más de cuatro años en el sitio de memoria de Villa Grimaldi, mismo lugar donde estuvo prisionera.
Mientras toca su pañuelo, reconoce que en un comienzo fue muy difícil retornar al lugar. “En las noches me angustiaba mucho, pues me recordaba a que siempre estábamos con los ojos vendados”, dice Holzapfel.
Respecto a eso, explica que cuando se diseñó el parque, decidieron utilizar los mosaicos de la construcción original para hacer placas informativas, posicionándolas en el piso. Esto para hacer alusión a que lo único que podían ver mientras estuvieron allí era el suelo.
En dictadura, las diferentes manifestaciones artísticas fueron un símbolo de resistencia y desahogo. Hoy, las y los sobrevivientes también las utilizan de manera terapéutica.
En el año 2011, el actor Óscar Castro se dirigió al sitio de memoria con el propósito de realizar la obra Mateluna con expresos del Cuartel Terranova. Alejandra participó del encuentro y rescata: “nos hizo cantar, bailar, sacarnos la ropa voluntariamente. Después de eso resignifiqué la Villa y me sentí fuerte”.
La vecina de las bisnietas de Emilio Vasallo comenta que para los veinte años de la recuperación del lugar, se realizaron distintos cursos artísticos, todos dictados por expresas.
Sin embargo, la lucha por la memoria no termina aquí. Si bien desde el año 2022 el gobierno del Presidente Gabriel Boric ha recuperado y entregado 20 Sitios de Memoria a sus respectivas agrupaciones, aún queda mucho camino por recorrer.
“Para mí no fue sólo el golpe de Estado, sino todo lo que habíamos luchado. Mi proyecto de vida murió ahí. Hoy como sobrevivientes nos encontramos realizando el trabajo que debería asegurar el Estado”, lamenta Shaira Sepúlveda, quién también pasó por el centro de detención Tres y Cuatro Álamos, y trabajó activamente en la recuperación del lugar.