“Tengo que averiguar qué es lo que no me está haciendo tan feliz o qué me podría ayudar a alcanzar la felicidad. Pero, también tengo personas cargadas en la espalda, los chiquillos al final dependen de mí”. Sentada en una banca donde caen las hojas arrastradas por el viento de una tarde primaveral en Santiago de Chile, Antonia Holzapfel, vocalista de la banda Anttonias, cuestiona su futuro en el grupo durante los próximos años, en medio de su salto a los escenarios del Lollapalooza 2026.

Por Loretto Del Canto

Antonia Holzapfel (19) nació el 24 de agosto de 2006 en el seno de una familia en la que la música no era solo un pasatiempo, sino una forma de vida. Hija de dos profesores de música en colegios de la capital y nieta de una pianista y un folclorista, creció rodeada de acordes y melodías. Sus primeros años transcurrieron en la comuna de Quinta Normal y desde hace siete vive en Padre Hurtado.

Se recuerda a sí misma como una niña tímida. Una que con el tiempo, comenzó a buscar un escape a través de los escenarios. Muy curiosa por el arte musical, a los tres años cantaba acompañando a su madre en las clases que realizaba; a los 6 estudió piano durante dos años en la Universidad de Chile y a los 12 aprendió guitarra por iniciativa propia. 

En un departamento de Providencia, mientras Antonia se alista para un show que realizará en apoyo a Palestina, su madre, Rosana Bruna, habla sobre su hija con la serenidad de quien sabe que aquel presente no es casualidad. Para ella, la Antonia adulta no es más que la evolución natural de la niña que siempre trató el arte con respeto y siendo autodidacta con el aprendizaje.

—Sus hermanas también crecieron con un estímulo musical cotidiano. Era como: “limpiemos y cantemos”, “cocinemos y cantemos” o “no hay televisión, entonces cantemos”. Toquemos guitarra, toquemos piano, todo con música. Era una forma de jugar, pero también un lenguaje expresivo dentro de la familia— dice Rosana.

Su padre, Javier Holzapfel, recuerda con claridad el momento en que notó que lo de Antonia no era simplemente un gusto infantil. A los siete años, grabó por primera vez en un estudio, una versión de Acuarela de Toquinho para una actividad del colegio. Desde mucho antes ya se enfrentaba al micrófono sin miedo. En reuniones familiares, mientras él la acompañaba en guitarra, Antonia cantaba canciones como El cautivo de Tiltil, moviéndose con soltura entre la música docta y la raíz folclórica que sonaba constantemente en su casa. Ese archivo sonoro de infancia, piensa Javier, fue la primera prueba de que su hija tenía no solo talento, sino un oído alimentado de diversos mundos musicales.

Así, Antonia fue creciendo en un entorno que cultivó su talento, pero también como una joven centrada en su futuro profesional. Que, en algún momento, dejó atrás aquel imaginario de convertirse en cantante.

—Me di por vencida con ese sueño a los 14 años. Después fue como: “¿Sabes qué? Voy a entrar a estudiar y me va a ir bien”. Entonces, como que se arruinó mi plan A… y ahora no sé cuál es el plan A —dice Antonia.

Antonia Holzapfel, tocando la guitarra eléctrica. (Fotografía de Alex Ramírez)

Pero cuando las puertas parecen cerrarse, la vida suele abrir una ventana inesperada. En 2022, le llegó la propuesta de ser la cantante de Anttonias. 

Hoy, aquella banda de cinco jóvenes que comenzaron ensayando en una casa de Padre Hurtado, ha visto cómo su proyecto toma forma. Con el apoyo económico de su comuna, viajaron hasta Argentina para grabar su primer álbum en el estudio Romaphonic, titulado Anttonias. Luego firmaron un contrato con la productora Lotus y ahora están ad portas de subirse a uno de los escenarios más grandes de su carrera: Lollapalooza 2026.

Portada del primer álbum de la banda, titulado “Anttonias”, el cual fue grabado en los estudios de Romaphonic.

“Vuelan mariposas”

Los integrantes de la banda se conocieron en 2021, cada uno en contextos distintos y casi siempre por casualidad, coincidiendo en diferentes “carretes” que, sin saberlo, estaban trazando un futuro juntos. Así lo recuerda Óscar Concha, guitarrista de la formación, sentado en un pasillo de Televisión Nacional de Chile (TVN) luego de una presentación en vivo.

Primero fue él, junto a Felipe Sanzana (bajo), quienes comenzaron a crear canciones y a ensayar. Con el tiempo, ese proyecto inicial fue tomando forma hasta convertirse en lo que hoy es: Anttonias.

Óscar cuenta que desde que conoció a Antonia siempre la vio como una figura de admiración y respeto por su personalidad y talento. Su aporte en la banda no se limita a ser la voz principal, también compone y colabora activamente en la escritura de las letras.

—La Toñy tiene muy buen ojo para decir qué parte va o qué parte no, las opiniones que da son muy acertadas en cuanto a la música. Por ejemplo, las partes C que nosotros no las consideramos, como cuando nos dice “oye, podríamos extender esta parte un poco más o cortarla”, son ideas de la Toñy que ayudan a que la canción termine siendo lo que es —comenta Óscar.

Así fue como ocurrió con la canción Mariposas:

“La noche cayendo

Bajo las sábanas del sol

Adentro de el calor que recorre tu cuerpo

Despréndelo

Vuelan mariposas

Vuelan cerca de mí
Y las miles de cosas, se espantan
Se espantan”

Su madre, Rosana Bruna, también destaca ese proceso de descubrimiento. Confiesa que no imaginaba que su hija tuviera la capacidad de crear música propia con tanta sensibilidad. 

Cuando se publicó Mariposas, le comentó a Antonia cuánto le encantaba y, en particular, lo hermosa que le parecía la parte C. Fue entonces cuando se llevó una grata sorpresa: Antonia tenía otro talento que aún no había salido completamente a la luz, y que había forjado incluso sin saber leer música.

—Me dijo: “Mamá, yo la hice”.
—No, te lo puedo creer. ¡Qué hermosa, Toñy! —le respondí.

Una voz resuelta 

Durante casi todo el año 2022, Antonia decidió tomar clases de canto. Una vez a la semana atravesaba Santiago hasta un departamento en Estación Central, donde la esperaba Fanny Becerra, cantante lírica y profesora de técnica vocal. 

A diferencia de lo que ocurre con la mayoría de los estudiantes iniciales, Fanny notó desde la primera sesión que Antonia no comenzaba desde cero; afinación, oído y control corporal ya estaban ahí, como si hubieran sido trabajados durante años sin que ella lo advirtiera.

Para la profesora, la explicación era evidente: el canto le resultaba orgánico. Haber crecido en un entorno rodeado de música había hecho que desarrollara habilidades de manera inconsciente, guiada por la intuición más que por la técnica formal. Su voz estaba “resuelta”, como describe Fanny, con una naturalidad que no se aprende, simplemente se revela.

Registro fotográfico de Antonia Holzapfel,
(Imagen de Moisés Arias Fuentes).

En las clases, a veces irrumpía un pequeño momento de ternura. La hija pequeña de Fanny solía estar en la casa y Antonia siempre se mostraba cariñosa y cercana con ella. La niña le hacía dibujos y se los entregaba antes de que la práctica volviera a concentrarla por completo.

El trabajo vocal también exigía disciplina, ejercicios físicos, respiración y vocalizaciones, una preparación minuciosa antes de cantar, como el calentamiento de un deportista antes de competir. Antonia absorbía cada instrucción con rapidez. Cualquier ejercicio nuevo lo resolvía casi al instante, guiada por un oído atento y un instinto afinado. Cuando surgía un desafío técnico, bastaba una breve explicación para que avanzara y llegara a la clase siguiente con un progreso evidente.

—Me llamó mucho la atención que tuviera una voz tan resuelta y tanto conocimiento y dominio de su instrumento siendo tan jovencita, y sin haber tenido una formación previa en el canto— cuenta Fanny aún con algo de asombro.

Exposición e imágenes idealizadas  

Antonia Holzapfel canta en el escenario, pero a veces siente que hay quienes prefieren no escuchar lo que tiene que decir. Si bien la exposición que ha traído la banda le abrió puertas, también le mostró de golpe la crudeza de una escena que todavía tropieza con el mismo problema: ser mujer en la música significa, muchas veces, ser tratada como adorno y con machismo. 

En entrevistas que le han realizado, la experiencia es casi una coreografía predecible. Las preguntas profundas para ellos y la curiosidad superficial para ella. Mientras a sus compañeros les hablan de composición, procesos creativos o decisiones musicales, a Antonia le hacen preguntas que apenas rozan su rol en la banda.

Ese patrón le dejó una sensación que la acompaña incluso fuera del escenario. Por lo mismo, Antonia comenzó a tomar distancia de ciertos espacios que vienen acompañados en las tocatas. A diferencia de la imagen idealizada del rock, ella no disfruta del ambiente cargado de alcohol. No le gustan las fiestas, prefiere cuidarse, mantenerse en un lugar seguro. Ha vivido situaciones de acoso que le recuerdan que para una mujer en la música, la visibilidad también puede ser una amenaza.

Los comentarios de odio en redes sociales no han ayudado. El hate que han recibido, lo acompaña la exposición. Y aunque intenta concentrarse en lo artístico, el miedo es latente. 

—Había gente que decía que si me veía, me pegaban. Entonces, dije “pucha, soy mujer y lamentablemente eso muchas veces les da la facultad a los hombres de hacer cualquier cosa” —dice Antonia con cansancio.

La decisión de Antonia 

Hoy, Antonia se encuentra en un dilema que solo el tiempo podrá resolver, cuando termine el contrato que firmaron con Lotus. 

Antes de que la vida la sorprendiera con Anttonias, su camino estaba claro: estudiar una carrera universitaria. Ese había sido su plan A. Y aunque la música la llena de felicidad, su objetivo era convertirse en una profesional y construir una vida desde ahí.

Ahora, con el escenario iluminado frente a ella y un futuro incierto detrás del telón, intenta mantener ambos caminos abiertos. Planea rendir este año la prueba de acceso a la educación superior y guardar el puntaje durante varios años, para ingresar a Derecho si así lo decide cuando el contrato de la banda termine.

—Bueno, las cosas pasan de forma extraña… Yo sé que hay algunos que matarían por tener la visibilidad o las cosas que nos están pasando a nosotros, y quizás yo estoy siendo super mal agradecida, pero tampoco es algo que me haga muy feliz. Increíblemente, incluso para mi sorpresa no lo es —dice Antonia. 

Anttonias, banda integrada por Antonia Holzapfel (voz), Diego Sanzana (guitarra), Oscar Concha (guitarra), Felipe Sanzana (bajo) y Agustín Plaza (batería). (Registro del sitio oficial de Spotify Chile)

Para Óscar, esa posibilidad es algo que, de llegar a ocurrir, deberán aceptar sin cuestionamientos. Aunque tanto él como el resto de los integrantes sueñan con dedicarse toda su vida a Anttonias, saben que el camino de Antonia podría tomar otro rumbo. Y si así fuera, lo van a respetar.

—Pase lo que pase, Antonia no tiene que dejar de elegir su camino por el de los otros. Ella tiene que hacer lo que realmente la haga feliz. No tiene que cargar con otros sueños, porque no depende de ella. Si quiere ser feliz estudiando, yo creo que todos aquí la vamos a apoyar. Solo tiene que ser decisiva —dice Óscar sentado en un frío pasillo de TVN.

Quizás qué ocurrirá con Anttonias, es todavía un misterio. Tal vez llenen más escenarios, tal vez nazcan nuevas canciones. Y qué ocurrirá con Antonia también es una pregunta abierta. No sabe aún cuál será su decisión, ni qué camino elegirá cuando tenga que hacerlo. 

Quizás, las mariposas que vuelan cerca suyo —las mismas que canta— le traerán en estos años la claridad que hoy aún se escapa.