Juan Carlos Morstadt y su vínculo con el Caso Chuñil

Juan Carlos Morstadt

Juan Carlos Morstadt y su vínculo con el Caso Chuñil

La desaparición de Julia Chuñil ha abierto diversos flancos de investigación. Este reportaje reconstruye la historia personal de uno de los investigados en el caso, Juan Carlos Morstadt, un empresario forestal, quien hoy figura como imputado en la causa —el único en diez “sujetos de interés” de la Fiscalía— y que hace años atravesaba un conflicto territorial con la dirigenta mapuche. 


Seguramente su teléfono sonó toda la tarde ese 3 de octubre, así como los días posteriores al 30 de septiembre, pero el empresario forestal Juan Carlos Morstadt Anwandter (65) solo contestó ese día a Televisión Nacional (TVN). A casi un año de la desaparición de Julia Chuñil Catricura, Morstadt no había hablado con nadie. “Soy totalmente inocente”, dijo al canal público. ¿El motivo? Tres días antes, la defensa de la familia lo acusó de la desaparición de la dirigenta mapuche. “La quemaron”, habría dicho Morstadt por teléfono a, al menos, dos personas, en una de las interceptaciones telefónicas que dio a conocer la abogada de la causa, Karina Riquelme.

La última vez que alguien vio a Julia Chuñil con vida fue el 8 de noviembre del 2024, en la comuna de Máfil, región de Los Ríos. Salió de casa con un machete en la mano y la compañía de su perro Cholito. Hace años, la líder indígena de 72 años enfrentaba constantes amenazas y hostigamientos por parte de Morstadt, a quien la familia de Chuñil señala como principal sospechoso en la querella por desaparición que presentó la Fundación Escazú días después de la presunta tragedia. Y aunque Morstadt reafirmó su inocencia a TVN, el Ministerio Público estableció que existía un “conflicto previo y sostenido” con Chuñil, que hoy lo tiene en calidad de imputado en la investigación, según reportó el diario La Segunda. El único dentro de diez sospechosos y que se ha acogido al derecho a guardar silencio. 

El origen de Morstadt

Juan Carlos Morstadt Anwandter nació el 17 de diciembre de 1959 en Temuco. Creció en una familia descendiente de colonos alemanes que llegaron a Chile en el siglo XIX. 

Los registros genealógicos sitúan sus orígenes en Otto Anwandter Fähndrich (Calau, 1836), padre de Carl Anwandter Muhm —reconocido colono— y abuelo de Otto Anwandter Beckdorf (Valdivia, 1899-1985), propietario del Fundo Pancul, en Los Lagos. Este último se desempeñó como juez de distrito y fue señalado públicamente por atropello y explotación de inquilinos en el Diario de Los Lagos en 1939.

Otto Anwandter Beckdorf se casó con Gertrudis Rudloff Roepke, hija de Luis Segundo Rudloff Schmidt, un destacado industrial de la época. La unión de ambas familias consolidó un gran patrimonio en el sur de Chile, fusionando poder económico y prestigio social.

Tres generaciones más tarde, los nietos de Otto Anwandter y Gertrudis Rudloff —herederos de esa historia familiar— son María Elena y Juan Carlos Morstadt Anwandter. En la rama de Juan Carlos, todos los nombres repiten el linaje de los antiguos colonos alemanes, sin excepción. Durante más de un siglo, el apellido no salió de ese círculo cerrado: un árbol genealógico que concentra tierra, dinero y poder.

El patrimonio familiar

A lo largo de los años, la familia Morstadt Anwandter ha concentrado diversas propiedades, pero tres destacan como piezas clave de su patrimonio y están directamente vinculadas a Juan Carlos Morstadt. La primera es el “Fundo Miraflores”, ubicado en la comuna de Victoria, provincia de Malleco, región de La Araucanía. Entre el valle central y la cordillera andina del sur de Chile, rodeada de bosques de hualles y pellines, se levanta la casa de la familia Morstadt Tamm, una construcción de estilo montañés que data de 1940. El predio fue expropiado en 1971 por la Corporación de la Reforma Agraria (CORA), durante el gobierno del presidente Salvador Allende.

En la misma región de las araucarias está el Fundo California, en Pitrufquén, entre cenizas volcánicas y un pequeño mar interior. En el año 2000, Juan Carlos Morstadt vendió el predio a una comunidad mapuche mediante fondos públicos de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi). La operación terminó siendo parte del denominado “Escándalo Conadi”, una investigación por irregularidades en la compra de tierras. La institución estatal pagó a Morstadt cerca de $1.500 millones por 646 hectáreas.

Más al sur se ubica el Fundo Los Ciruelos, en la región de Los Ríos. Conocido como La Fride —del alemán Friede, que significa paz, armonía y tranquilidad—, el predio se extiende en el corazón de la comuna de Máfil, provincia de Valdivia. Hoy, el lugar es conocido como la Reserva Cora Número Uno-A: el hogar y último sitio donde fue vista Julia Chuñil.

El fundo llegó a manos de la familia Morstadt a mediados del siglo XIX, cuando el Estado chileno despojó a las comunidades indígenas de sus tierras ancestrales para entregarlas a colonos alemanes. Décadas más tarde, estas propiedades pasaron a formar parte de los latifundios expropiados durante la Reforma Agraria de los años setenta, en beneficio de campesinos mapuche. Sin embargo, tras el golpe de Estado de 1973, el terreno volvió a manos del latifundista y excolono Alfredo Milthaler Reichert, quien fue dueño hasta 1979. En 2008, Juan Carlos Morstadt compró el predio a Esteban Fried Kopp y Susana Reinitz Fried.

Las empresas y transacciones de Morstadt 

En su faceta empresarial, Juan Carlos Morstadt figura como propietario de la Agrícola, forestal y ganadera Juan Carlos Morstadt Anwandter E.I.R.L., conocida comercialmente como “Criadero California E.I.R.L.”. La empresa se dedica a la crianza y compraventa de ganado, además de la explotación de inmuebles agrícolas. Morstadt también mantiene participación en la Sociedad Collilelfu, junto a su socio José Silva Jarpa.

En 2016, Morstadt intentó traspasar el predio Reserva Cora 1-A a la Sociedad Collilelfu, aunque la operación no prosperó. Sin embargo, logró concretarla el 2 de marzo de 2022. Dos años más tarde, en agosto de 2024, Morstadt modificó la estructura de la sociedad: incorporó activos inmobiliarios por $490 millones, transfirió el 25% de los derechos a José Eleodoro Segundo Silva Jarpa por $51 millones, y el 50% a María Isabel del Rosario Griffin Barros por $102 millones. Estas maniobras se interpretan como parte de una estrategia para diversificar y blindar sus inversiones en la región.

Paralelamente, desde 2017, Morstadt mantiene siete derechos de aprovechamiento de aguas en vertientes y esteros sin nombre en la subcuenca del río San Pedro.

Por otra parte, tras adquirir el predio Reserva Cora Uno-A en 2008, Juan Carlos Morstadt lo vendió un año después al Banco Scotiabank Chile. La operación fue inscrita el 17 de diciembre de 2009 en el Conservador de Bienes Raíces (CBR) de Los Lagos, junto con la subdivisión del terreno en dos lotes: Reserva Cora Uno-A y Uno-B. Sin embargo, la venta del lote A al banco se realizó antes de que la subdivisión estuviera formalmente inscrita.

Posteriormente, el 29 de julio de 2011, Scotiabank Chile efectuó la enajenación del mismo predio, esta vez a la empresa Agrícola, Forestal y Ganadera Juan Carlos Morstadt Anwandter. En la práctica, vendió el terreno para luego recomprarlo bajo otro nombre, manteniendo el control de la propiedad en un juego que se extendió durante tres años entre él y el banco.

Poco más de un mes después de la última transacción, el 23 de agosto de 2011, Juan Carlos Morstadt, a través de su empresa, firmó la compraventa de la Reserva Cora Uno-A con la Comunidad Blanco Lepin de Lautaro. La operación fue financiada con fondos públicos: la Conadi pagó a Morstadt más de $1.114 millones por 843 hectáreas.

El contrato establecía como condición indispensable que el vendedor debía cercar la totalidad del predio antes de recibir el pago. Sin embargo, pese a que Morstadt no cumplió con esa obligación, la corporación liberó los fondos igualmente. Además, omitió incluir los derechos de agua asociados al terreno en la venta, los cuales retuvo para sí mismo. Es por ello que en 2013 la Comunidad Blanco Lepin demandó a Juan Carlos Morstadt, a Banco Scotiabank Chile y a Conadi por incumplimiento de contrato, ya que el predio no fue cercado y el empresario conservó los derechos de agua. En consecuencia, la comunidad mapuche desistió de usar el predio.

Hoy, Juan Carlos Morstadt Andwanter debe a Conadi $1.114 millones.. La situación permaneció estática por años, hasta que en junio de 2017 la Corte Suprema ordenó a Morstadt devolver a la entidad pública la totalidad del dinero pagado por el predio. Sin haber saldado la deuda, los terrenos volvieron legalmente a ser de su propiedad en 2018. 

Cuatro años después, en 2022, Morstadt inscribió nuevamente el fundo en el CBR de Los Lagos bajo una nueva razón social: la Sociedad Agrícola, Ganadera y Forestal Collilelfu, otra de sus empresas. Pero, el empresario nunca pagó la deuda a Conadi, según confirmó su director (s) Ivan Carilao Ñanco. Por ello, la entidad inició dos causas por morosidad y el Consejo de Defensa del Estado (CDE) gestionó dos causas penales, aunque ninguna ha dado resultados.

El hostigamiento 

El terreno volvió a ser propiedad de Juan Carlos Morstadt en el año 2018. Por entonces Julia Chuñil, en representación de la Comunidad Indígena Putreguel de Máfil, ya llevaba tres años ocupando el predio. Tras ser reconocida por la Conadi como una asociación indigena en 2014, el 23 de octubre de 2015 la comunidad Putreguel inició formalmente el proceso de recuperación y restitución de tierras. 

Aunque ese territorio pertenecía a la Conadi y tenía calidad de indígena, Chuñil se asentó en el lugar sin saber que el predio volvió a manos de Juan Carlos Morstadt en 2018. Esto, pues la corporación nunca informó a la dirigenta sobre el proceso judicial, ni mucho menos respecto a la resolución de la Corte Suprema que benefició al agricultor. 

Así, los intereses del empresario entraron en conflicto directo con los de la comunidad indígena, que buscaba preservar la tierra. Morstadt tenía planes de talar el bosque nativo y comercializar la leña. En este contexto, el 2 de marzo de 2022, logró traspasar la Reserva Cora Uno-A a nombre de la Sociedad Agrícola, Ganadera y Forestal Collilelfu. Ese mismo año, Morstadt intentó iniciar la tala del bosque, el mismo que Julia Chuñil y las familias buscaban recuperar. 

Y que según se detalla en la querella de la Fundación Escazú, Morstadt comenzó realizar actos de hostigamiento en contra de Julia Chuñil, con el fin de que abandonaran las tierras. Incluso, ofreció dinero en varias ocasiones a Chuñil para que desalojara el predio. «Yapo, Julia, ya los tengo a todos comprados. Faltai tú no más», insistía el empresario ante el rechazo de la dirigenta. 

Morstadt no aceptó la negativa de la activista y la amenazó: según detalló uno de sus hijos, Pablo San Martín Chuñil, su madre fue amenazada verbalmente por el empresario, quien afirmaba su superioridad, poder e influencia en Conadi, indicando que cualquier gestión ante dicha institución sería inútil.

De las palabras habría pasado a la acción y las amenazas se habrían materializado en acoso. Según la querella presentada por la familia, Morstadt pagó $3 millones a Juan Painean, un vecino de la comunidad, para cortar un puente por el que Chuñil transitaba habitualmente. Además, el empresario, en conversación con Esteban Sánchez, un vecino de la mujer, habría dicho que le gustaría ir a la casa de Chuñil y su familia para sacar a escondidas a quienes estén, y quemar el lugar. 

De acuerdo al mismo documento judicial, en agosto de 2024, dos meses antes de su desaparición, Morstadt habría intentado atropellar a la dirigenta cuando caminaba junto a sus hijos hacia el predio. Él dijo que no la vio y ofreció llevarlos en su camioneta. En el trayecto, le dijo al hijo de Chuñil que iba de copiloto: «Puta que son porfiados. Habla con tu mamita y yo le doy platita para que se vayan». 

Desde el 8 de noviembre de 2024, Julia Chuñil Catricura está desaparecida. El Ministerio Público ha indagado al empresario y a miembros de la familia de Chuñil, aunque aún con poca claridad sobre eventuales responsabilidades judiciales, ante reclamos de ambas partes sobre el rumbo de la investigación.

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