Tras dos décadas: Chile se consolida como referente en energías limpias
En un escenario donde las energías renovables ya alcanzan el 69% de la generación eléctrica nacional, Chile se posiciona como referente regional en la transición energética, aunque aún enfrenta brechas en infraestructura, equidad territorial y gestión del sistema. A partir del encuentro RE+ Cono Sur 2026, Doble Espacio conversó con especialistas para abordar los avances, desafíos y proyecciones de una industria clave para el desarrollo económico, climático y sanitario del país.
El 25 y 26 de marzo, el Centro Cultural Estación Mapocho, en Santiago, fue escenario de la primera edición sudamericana de RE+ Cono Sur 2026, un encuentro que reunió a académicos, científicos, autoridades y representantes del sector privado para debatir sobre el desarrollo de energías limpias y fortalecer la infraestructura sostenible en la región.
La exhibición reunió a más de 15 empresas globales líderes en electromovilidad y tecnología, y congregó a más de 200 asistentes en diversos foros vinculados a la industria de las energías renovables. En la ceremonia de inauguración, la ministra de Energía, Ximena Rincón, destacó los planes del país en esta materia: “Chile apuesta por las energías renovables y por el almacenamiento. Chile apuesta por impulsar la eficiencia energética”.
Los dichos de la ministra no sorprenden: se inscriben en una política de Estado que se ha consolidado con el tiempo. Chile ha avanzado de manera sostenida hacia la descarbonización y la incorporación progresiva de energías renovables al sistema eléctrico, en un proceso iniciado en 2008 con la Ley 20.257, que fijó una cuota mínima de 10% de generación a partir de Energías Renovables No Convencionales (ERNC) para 2024, una meta que hoy parece superada por la realidad del sistema.
Según el boletín de Generadoras de Chile de febrero de 2026, las energías renovables alcanzaron el 69% de la generación eléctrica nacional ese mes, consolidando al país como un referente regional en la transición energética. Este avance responde, en gran medida, al trabajo conjunto entre el Estado y el sector privado, así como a políticas de largo plazo que han sostenido el proceso en el tiempo. En esa línea, el Índice de Transición Energética del World Economic Forum y Accenture ubica a Chile en el puesto 21 a nivel global y como el segundo mejor posicionado de la región, solo por detrás de Brasil.
Pese a estos logros, el proceso aún enfrenta desafíos. Persisten metas y plazos por cumplir, además de brechas estructurales que cerrar y aspectos que requieren ser fortalecidos para consolidar una transición energética sostenible en el largo plazo.
A partir de este escenario, Doble Espacio revisa cómo Chile ha construido su posicionamiento en energías limpias, los hitos que han marcado su política energética en las últimas décadas y las condiciones que han permitido su consolidación como referente.
Dos décadas de transición energética
El 2026 comenzó para Chile con un reconocimiento internacional en desarrollo energético y tecnológico: durante el Mobile World Congress, el país fue destacado por su avance en energías limpias. Este progreso se refleja en su matriz eléctrica: del 69% de generación basada en energías renovables, la gran mayoría proviene de fuentes limpias, como la solar (30,2%), hidráulica (22,2%) y eólica (13,9%), impulsadas en gran parte por la diversidad geográfica del territorio.
Esa distribución se expresa con claridad a nivel territorial. En el norte, la Región de Antofagasta concentra el 33% de la generación eólica y lidera también la producción solar, seguida por la Región de Atacama con un 22%. En el sur, en tanto, la generación se sostiene principalmente en la energía hidráulica, con Biobío (38%), Maule (28%) y O’Higgins (13%) como principales aportantes, debido al rol estratégico de sus ríos y valles.
Este escenario ha permitido a Chile posicionarse a nivel global en el desarrollo de la industria energética, respaldado por una planificación sostenida durante casi dos décadas. El proceso se inició en 2008, durante el gobierno de Michelle Bachelet, con la promulgación de la Ley 20.257, y fue profundizado en 2013, bajo la administración de Sebastián Piñera. A ello se suma la Ley Marco de Cambio Climático de 2022, que establece como meta legal la carbono neutralidad para 2050.
El impulso estatal ha ido de la mano con un fuerte dinamismo del sector privado, consolidando al rubro energético como un eje de inversión. Según el Banco Central (BCCh), con datos de la Corporación de Bienes de Capital (CBC), el sector representaría cerca de una sexta parte de la inversión total proyectada entre 2022 y 2027.
En la misma línea, cifras de la Asociación Chilena de Energías Renovables y Almacenaje (ACERA) indican que solo en 2025 la inversión en generación y almacenamiento alcanzó los 4.489 millones de dólares, casi 2.000 millones más que en 2024, evidenciando el paso desde una etapa de anuncios a ejecución efectiva de proyectos.
Este crecimiento ha consolidado a las energías limpias como un eje económico clave y ha abierto oportunidades para empresas del sector, como BLP Ingeniería. Su director ejecutivo, Víctor Belmar, le comenta a Doble Espacio que Chile ya se posiciona como un actor relevante a nivel global, gracias a la calidad y diversidad de sus recursos naturales, un marco regulatorio estable y una infraestructura en expansión. Sin embargo, aún existen desafíos.
Belmar advierte que las brechas se encuentran en la transmisión eléctrica —que limita la evacuación eficiente de la energía— y en los sistemas de almacenamiento, fundamentales para gestionar su intermitencia. “El principal desafío no es generar más energía renovable, sino administrar de forma eficiente la que ya se produce”, sostiene.
Las deudas de la transición energética
Las advertencias sobre el potencial de Chile y las brechas pendientes no son aisladas. El informe Estado de la Transición Energética, del Observatorio de la Transición Energética (ODTE), liderado por el exministro Claudio Huepe, concluye que, si bien el país ha logrado avances relevantes, estos han sido desiguales y fragmentados. Aunque el país lidera la incorporación de energías renovables en el sector eléctrico, persisten desafíos clave, como una mayor participación ciudadana y una mejor articulación entre el sector público y privado.
A ello se suman brechas territoriales concretas. La Hoja de Ruta para el Avance de la Electromovilidad en Chile, elaborada durante el gobierno de Gabriel Boric, advierte que el 66,4% de los cargadores públicos para vehículos eléctricos se concentra en la Región Metropolitana, mientras que varias comunas del país aún carecen de esta infraestructura. Esto limita el acceso a la movilidad eléctrica y evidencia que los beneficios de la transición no se distribuyen de manera equitativa.
Otra de las principales deudas está en los medios técnicos que deben acompañar la generación. El investigador del Centro de Energía y Desarrollo Sustentable (CEDS) de la Universidad Diego Portales, Andrés Díaz Alarcón, advierte a este medio que el principal cuello de botella sigue siendo la transmisión: “A la fecha, el vertimiento de energía proveniente de fuentes renovables continúa siendo preocupante”, destaca.
En la misma línea, subraya que, pese a contar con un marco regulatorio robusto, persisten brechas en transmisión, almacenamiento y planificación, lo que dificulta gestionar de manera eficiente la energía generada. El problema se refleja en cifras. Solo en 2025, según relata Andrés Díaz, las reducciones de generación renovable alcanzaron los 5.700 GWh —es decir, 5.700 gigawatts-hora, una unidad que mide la cantidad de energía producida o no aprovechada—, lo que evidencia que no basta con aumentar la capacidad instalada.
A esto se suma que, aunque Chile ha avanzado en almacenamiento energético, gran parte de los proyectos aún está en desarrollo: de los más de 10.000 MW de capacidad de almacenamiento, cerca de dos tercios siguen en fase de construcción. “El desafío no es solo instalar más capacidad, sino contar con la infraestructura para transportarla, gestionarla y almacenarla adecuadamente”, advierte Díaz.
Energía limpia como seguro climático y sanitario
Mientras persistan brechas en infraestructura y desigualdades territoriales en la transición energética, sus beneficios tardan en hacerse visibles para toda la población. Sin embargo, avanzar en una matriz basada en energías limpias no solo responde a una meta ambiental, sino también a una estrategia de seguridad: permite reducir la dependencia de combustibles fósiles importados y disminuir la exposición a la volatilidad de factores externos.
En esa línea, la doctora en Economía Ambiental y académica de la Universidad de Chile, Nathaly Rivera, le explica a Doble Espacio que Chile tiene una oportunidad estratégica para consolidar esta industria y diversificar su economía. Destaca, especialmente, el potencial del Desierto de Atacama para la generación solar y su capacidad de atraer inversión.
“Nuestro país tiene un tremendo potencial para el desarrollo de energías renovables (…) Si ese potencial atrae inversión, estos efectos se verían reflejados en el crecimiento del país”, declara la especialista. A ello se suman impactos en empleo, transferencia tecnológica y mayor estabilidad macroeconómica.
Nathaly Rivera también subraya beneficios más inmediatos. “Una transición hacia fuentes de energía más limpias no solo tiene beneficios ambientales, sino que puede traducirse en mejoras en la calidad del aire (…) con impactos directos en bienestar, salud y calidad de vida”, afirma. En un contexto internacional incierto, agrega, una mayor penetración de energías limpias también contribuiría a sistemas energéticos con precios más estables y menos expuestos a la volatilidad global.
