La Brigada Ramona Parra y la resistencia política juvenil

Brigada Ramona Parra

La Brigada Ramona Parra y la resistencia política juvenil

Entre 1968 y 1969 se fundó este colectivo de muralistas perteneciente a las Juventudes Comunistas de Chile, cuyo nombre hace homenaje a una joven militante de 19 años asesinada en 1946 en la matanza de la Plaza Bulnes. Hoy cuentan con múltiples divisiones en el país y su rol se mantiene firme: le dan voz a los territorios marginados e incentivan la participación de los jóvenes en la política a través del arte.


Fundada por Alejandro “Mono” González, la Brigada Ramona Parra (BRP) surgió como el brazo muralista de las Juventudes Comunistas de Chile (JJCC, o “la Jota”) luego de su VI Congreso en 1968 y la Marcha por Vietnam en 1969. La BRP partió como una vía alternativa de comunicación a la oposición de la Unidad Popular (UP) liderada por jóvenes que buscaban hacer política y respaldar la candidatura de Salvador Allende. Fueron censurados durante la dictadura, pero desde la vuelta a la democracia han reforzado y adaptado su trabajo a las nuevas generaciones para mantener fuerte su presencia política. 

Hoy se habla de “brigadas”, en plural, porque cuentan con más de 20 divisiones activas a lo largo del país, y todas están al mando de las JJCC.“Nuestra principal responsabilidad es que la Jota se pueda ver muy beneficiada dentro de este espacio. La Brigada Ramona Parra es su brazo muralista”, explica Ignacio Barrida (26), militante desde 2018 y Encargado Nacional de la BRP. La brigada partió con rayados —mensajes de propaganda escritos en murallas— y los murales aparecieron después del triunfo de la UP, cuando los brigadistas decidieron que su trabajo político debía ir más allá de las palabras.

Las BRP se encargan de que la dimensión política del arte se mantenga vigente y llegue a todos los territorios posibles porque, como dijo su fundador Mono González desde México, luego de ganar el Premio Nacional de Artes Plásticas el pasado septiembre, “la fundamentación está en eso: en visibilizar un arte popular que viene desde la calle, pero que además está involucrado en la historia”. De acuerdo con Barrida, cada fin de semana suelen pintar entre seis y siete murales a nivel nacional con temáticas específicas del lugar en el que los estén haciendo. Algunos de los temas sobre los que han pintado son los derechos de los trabajadores y niñeces, la preservación de la memoria y los Derechos Humanos, y la prevención del uso de drogas.

Aunque las brigadas siguen una línea marxista, la participación en las jornadas muralistas no es excluyente: el principal componente son los residentes de las poblaciones a las que van a pintar y también pueden participar personas que no pertenezcan a ningún partido político. “Nosotros no buscamos que nos quieran, lo que queremos es embellecer, recuperar el espacio para que ellos vayan, miren el muro y les de paz o alegría. Darles un refugio no solamente en momentos tristes, sino también en momentos buenos”, explica José Cortés (47), encargado territorial del Partido Comunista (PC) en Antofagasta y encargado de la BRP.

Desde el fin de la pandemia pareciera existir un creciente desinterés en la política por parte de los jóvenes del país, lo que se puede ver reflejado en las Estadísticas de Padrón Electoral 2024 del Servel, donde el grupo de 18-19 años presentó un 3,04% de participación, siendo el segundo grupo etario con menor porcentaje después de los adultos mayores a 90 años (0,78%). Frente a esta tendencia, las BRP representan una “oportunidad de entrar a la consciencia de las personas que no siempre la conversación política logra. Yo creo que eso es muy valioso”, de acuerdo con Irací Hassler (PC), candidata a diputada y exalcaldesa de Santiago.

Además de incidir en la participación juvenil, el muralismo ha tenido un gran impacto en la vida de los brigadistas y la comunidad que se genera dentro de esta les ha permitido explorar otras realidades y salir de su zona de confort: “La BRP es una armonía de diferentes trabajos que se van articulando y uniendo en conjunto. Nos ha pasado muchas veces que vamos a pintar un mural, los vecinos se empiezan a conocer ahí y generamos un cordón de seguridad  en el sector. Eso es lo lindo: nos une”, expresa Juan Agudelo (25), militante de la Jota desde hace 10 años y encargado de la BRP de Antofagasta.  

Un poder transformador

Es sábado 6 de septiembre y las Juventudes Comunistas celebran su aniversario número 93 en el Aula Magna de la Universidad de Santiago de Chile. Mientras los miembros del partido preparan el evento, Ignacio Barrida cuenta que, en un principio, se unió a la BRP para acompañar a su pareja de ese momento, pero rápidamente se sintió parte de esa comunidad: “Tuve la suerte de que la BRP Cordillera tenía un sentido de pertenencia demasiado grande. Estaba pasando por una depresión y mi psicóloga me dijo: ‘Si los cabros son piola y encuentras un espacio para desenvolverte, prueba quedarte ahí’, y eso hice”. 

Ignacio se unió a la BRP hace siete años y, por el trabajo político que ha realizado, ocupa el puesto de encargado nacional desde junio de este año. Su rol implica tener reuniones con los encargados territoriales para garantizar que la política de la BRP se muestre en la mayor cantidad de lugares posibles. Aunque es un colectivo que se manifiesta artísticamente, no es necesario ser experto en el área para ser parte de la lucha: “Yo no sé nada de arte, soy psicólogo, no soy artista, pero elaborar un mural te sube al arte. Eso es importante, la transformación del sujeto político que se da dentro de la brigada”, comenta Barrida mientras se pone el overol para empezar la ceremonia.

“Yo creo que el arte tiene un poder transformador muy importante. Hay compañeros históricos que han salido de la droga gracias a la BRP”, agrega respecto a la influencia del arte en quienes lo practican. Uno de los brigadistas que ha experimentado este tipo de transformaciones es José Cortés, trabajador de la minería que entró al PC y a la BRP hace aproximadamente 12 años, luego de terminar un programa de rehabilitación de drogas y empezar a estudiar Trabajo Social en el Instituto de Educación Profesional AIEP Antofagasta.  

José y Juan abren el taller de la BRP Antofagasta, ubicado arriba del centro de la ciudad, para hablar sobre sus historias dentro de la brigada y cómo esta cambió sus realidades. José creció dentro de una familia de derecha en una población, se mueve en la calle desde los cinco años y durante veintidós años batalló con una adicción a las drogas que lo llevó a un programa de rehabilitación a sus treinta. Después de un año de abstinencia obtuvo el beneficio de terminar la enseñanza media, entró a la AIEP y mientras estudiaba tuvo su primer encuentro con el Partido Comunista.

“Conocí a las JJCC por un voluntariado que hicieron con el PC en Tocopilla después de un aluvión. Fui a trabajar sin ser parte y sacándome todos los prejuicios que tenía por mi familia. Al estar estudiando una carrera como trabajo social, sentía la necesidad de conocer la política desde mi propia experiencia”, narra mientras fuma un cigarro. En su proceso de rehabilitación tuvo que dejar atrás algunos vínculos, pero ganó muchos otros: hoy es uno de los principales encargados de darle vida a la BRP de Antofagasta y es destacado dentro del mundo del muralismo por renovar su estilo, añadiendo elementos como el graffiti y el cubismo a la técnica tradicional de la brigada.

Reinventarse y resistir

“Aquí en Antofagasta la BRP funciona muy diferente que a nivel nacional”, aclara Juan al comienzo de la entrevista. En términos estrictos, la brigada pertenece a las Juventudes Comunistas y no al PC, pero la dinámica que tienen en Antofagasta es diferente debido a la falta de brigadistas. “Al ser norte, muchos de los jóvenes que aprenden a pintar viven ese proceso y después se van a estudiar a distintas ciudades, como Santiago, y quedamos nuevamente teniendo que formar nuevos brigadistas. Es un ciclo que se da casi todos los años”, explica José.

En este contexto, los militantes del norte han tenido que modernizar sus técnicas de trazado para llamar la atención de las nuevas generaciones y mantener viva la BRP en la región, razón por la que José decidió aprender a pintar con spray. Por otro lado, enfocan su trabajo en las poblaciones más vulnerables de la ciudad y, con la colaboración de los vecinos del territorio, logran que el activismo vaya más allá del mural en sí: “Queremos que estén trabajando juntos porque eso va a hacer que todos salgan a disfrutar a la población, y con eso el narcotráfico, los consumidores y los vendedores van a empezar a irse de ese espacio”, dice Juan al respecto. 

“Hemos logrado ingresar a otras masas sin estar arrasando con la hoz y el martillo, no todo puede ser eso porque es muy chocante para una persona llegar a derribar sus mitos de una”, concluye José luego de mencionar algunos eventos en los que han participado desde la implementación del spray, como el Festival Aerosol, un encuentro de artes urbanas en Antofagasta, y las Batallas de Flop, una competencia de graffiti a nivel nacional. Así mismo, brigadas como la BRP de la Universidad Católica (UC) deben ajustar sus actividades a las normas de su institución.

“La brigada de la UC es una de las dos brigadas universitarias que existen en la BRP, el resto son todas de comunas, entonces nuestro trabajo es un poco más limitado”, comenta Monserrat Gónzalez (22), Encargada Orgánica de la BRP y Encargada Política de la UC desde marzo de este año. Una de sus principales limitaciones es la obtención de permisos para pintar murales dentro del establecimiento, ya que es un proceso muy burocrático: necesitan la autorización de la facultad, de administración y de rectoría para pintar murales o colgar lienzos, y es recurrente que les nieguen el permiso cuando el proceso de solicitud ya está avanzado. Además, al estar sujetos al calendario académico, la participación de los estudiantes es oscilante y suele disminuir al final de cada semestre.

Uno de los conflictos más importantes que han enfrentado ocurrió en marzo de este año, cuando al volver a clases encontraron borrado un mural dedicado a Ignacio González, estudiante de la UC asesinado en dictadura, que habían pintado en Campus Oriente en 2023. “Es la única instancia que hemos tenido con ese nivel de gravedad, tomando en consideración que lo que se borró fue un memorial. Fue bastante complicado el volver a conseguir el espacio para pintarlo y eso sí se ha replicado harto a nivel universidad”, explica Tamara Cáceres (25), militante y brigadista desde el primer semestre de 2024. 

A pesar de estos desafíos han logrado encontrar formas de que su militancia resista, trabajando con las brigadas comunales que rodean las sedes de la universidad para crear espacios de conexión con los territorios y una forma amena de acercar la política al entorno juvenil. “El muralismo que hace la BRP genera este vínculo en el que uno puede entregar un mensaje político a través del arte, esa es la gracia que tiene: va más allá de lo que puede ir un político”, concluye Monserrat.

La brocha del pueblo 

El vínculo entre la brigada y los territorios a los que llega no solo se genera por su presencia dentro de estos, sino porque priorizan las necesidades de los pobladores y permiten que los errores moldeen sus diseños: “Si un niño llega, mete la mano en la pintura y la pone en la muralla, es una oportunidad de hacer más manitos y que todos los niños se sientan partícipes del mural”, dice Juan. Además, al estar abiertos a la participación de independientes, tienen la oportunidad de difundir su línea política entre personas con otras posturas.

En los últimos dos años, tanto en Chile como en el mundo se ha visto un crecimiento en el apoyo hacia la extrema derecha por parte de los jóvenes. Al preguntarle por este fenómeno, Juan cuenta: “Trabajamos con todos los espectros políticos que existen, nos gusten o no nos gusten, porque el objetivo es el poblador y el espacio. Los dirigentes pueden ser de izquierda o de derecha, nos da igual; el objetivo es la masa, la persona que realmente está confusa, que no sabe qué votar”.

Las redes sociales se han convertido en un escenario ideal para esto, donde figuras como José Antonio Kast, quien lidera las encuestas presidenciales, Evelyn Matthei y Johannes Kaiser han logrado viralizar e instaurar sus discursos en nichos nativos del internet. De la misma forma, el desinterés por preservar la memoria y la defensa del golpe de Estado por parte de estos candidatos se han visto reforzados en la sociedad gracias al anonimato e impunidad que ofrecen las redes. Al respecto, Irací Hassler opina: “Tenemos que conocer cómo han sido los procesos históricos en Chile y en el mundo. Ahí tenemos la tarea de reconocer los miedos de las personas y acercarlos a la política”.

A la vez, Monserrat destaca que es importante que la izquierda haga una autocrítica respecto a cómo ha manejado esta tendencia, ya que el descuido de los jóvenes como sujeto político y de la influencia del internet en sus pensamientos ha permitido que la derecha tome mayor control sobre este grupo. No obstante, instancias como la BRP logran afianzar los territorios y combatir estos discursos en vez de limitarse a la conversación política: su objetivo es “la unificación de nuevas masas para romper con el individualismo desde el trabajo colectivo”, concluye José.

*Este trabajo fue realizado para la cátedra de Reportaje, a cargo de la profesora Alejandra Carmona López.

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