Con más de 47 años de carrera, el cantautor sigue interpretando y componiendo música. Este año publicó los sencillos El sueño, Vahié y Amar al viento; y para 2024 tiene fechado estrenar un nuevo disco. Con presentaciones en escenarios como el Teatro Coliseo y el Aula Magna del Liceo Manuel de Salas, el artista a sus 70 años continúa en plena actividad musical y creativa.  


Fernando Ubiergo (70) tenía apenas 23 años cuando se convirtió en un ícono de su generación: ganó la competencia internacional del Festival de Viña del Mar con su canción El Tiempo en las Bastillas. Después se sumaron otros triunfos: el Festival Internacional de la Canción de Benidorm (1982) y el Festival OTI de la canción (1984). Gracias a su vasta trayectoria, Fernando Ubiergo se consolidó como uno de los músicos y compositores más importantes de Chile.

– ¿Cuáles son sus primeros recuerdos musicales?

-Mis primeros recuerdos musicales parten de mi madre cantando todo el día en nuestra casa. Fue ella mi primera referencia con la música. En aquellos años no existía la televisión en Chile, yo era pequeño aun y mis viejos me llevaban al cine; en esas películas se escuchaba mucha música, era algo habitual en ese tiempo. Mis padres también eran seguidores del tango, un tipo de música que luego descubrí, esta fue una referencia clave como de mi infancia temprana. Eran mis primeras referencias de melodías y letras y, por cierto, las todas las canciones que mi madre cantaba y yo aprendía, canciones de distinto origen que rotaban en la radio.

– ¿Cómo aprendió a tocar la guitarra?

-Mi padre vino con una guitarra a los 14 años, fue la primera vez que tuve un instrumento en mis manos, si sospechar que años más tarde esa madera curva cambiaría mi vida para siempre. En esa péquela guitarra puse a volar las primeras notas con una canción de los Beatles Y yo la amo (And I love Her). Esa primera etapa de la guitarra duró poco, tuve un profesor que me enseñó algunos acordes básicos, pero por alguna razón ajena a la música flaqueó mi motivación y dejé esas clases. Posteriormente, entre los 15 y 16 años, “guitarreaba” mucho dos compañeros de colegio, ahí aparecían nuevamente los Beatles y otros grupos de la época. Básicamente, fui y sigo siendo un mal guitarrista, mi relación con la guitarra se hizo más intensa y cotidiana cuando empecé a componer y escribir mis propias canciones, no lo sabía entonces, pero la guitarra que se hizo parte de mi vida para siempre.

– ¿Cómo comenzó a escribir canciones?

-Creo que influyeron varias situaciones, primero tener un padre poeta hizo que fuera algo casi cotidiano explorar en lo creativo sólo que ahora a las palabras les daba una dimensión distinta, estaban escritas y pensadas para cantarlas. Esa parte del oficio de algún modo la tenía medió adelantada de una vida leyendo poesía y viendo a mi padre como hacía magia con ellas. Años más tarde la aparición de Serrat, conocer sus primeras canciones fue conmovedor oírlas, tal como antes sentí con los Beatles a los 11 o 12, pero en otro sentido; empezaba a descubrir que las palabras podían ser una herramienta poderosa al unirlas con la música en mi guitarra, esa idea me sedujo y finalmente este oficio que le dio un nuevo sentido a mi vida.

Esas canciones hermosas despertaron mi curiosidad, algunas con letras de Antonio Machado, Miguel Hernández o del propio Serrat, más una pléyade de poetas que habitaron mi adolescencia; fue así, casi sin darme cuenta, que asumí el desafío, tomar trozos de la vida y ponerlos entre acordes y narrarlos; pequeñas cápsulas que me trascendían. De algún modo atrapaba el tiempo intentando registrar parte del asombro con que la vida me sacudió desde que tuve conciencia. Cerca de los 20, ya escribía mis versos entrelazados con melodías … mis primeras canciones en serio, porque algo había intentado antes.

-En 1977 usted compuso Un café para Platón, trabajo que le haría ganador del Festival de la Primavera y que posteriormente sería su primer hit radial ¿Cómo fue esa experiencia?

Como tantos otros, busqué un camino a través de los festivales de la canción, que muy populares en esos años, no había otra alternativa para mis canciones lentas y tristes, a las disqueras no le interesaba este tipo de música. Participé en varios de estos certámenes y gané unos cinco o seis en un par de años, entre ellos dos veces el Festival Metropolitano, el Festival del Quisco, el del Sol de Quilpué, etc. Pero luego que terminaban estos eventos volvía a mi casa en un bus con mi guitarra, con algún un trofeo y una extraña sensación de alegría e indiferencia, ya que nadie más se enteraba, sólo aquellos que habían estado allí, nadie transmitía o publicaba sobre estos festivales menores. Sin embargo a fines de 1977 cuando gané el primer lugar en el Festival de la Primavera que  lo transmitió TVN a todo el país, fue distinto; esa misma noche llegaron los ejecutivos de una compañía de discos y me dijeron “Fernando, queremos grabar tu canción”. (Un Café para Platón)

– ¿Y cómo surgió Un café para Platón?

El café para Platón surge como una canción íntima, un relato interior impregnado de profunda melancolía. La canción nació en un par de horas robadas a la preparación de un examen del día siguiente y que obviamente reprobé. Recuerdo cuando recién compuesta se la enseñé a mi madre que volvía a casa y cuando sus ojitos brillantes completaron esa emoción que también me desbordaba. Luego fueron tantas las ocasiones en que se me preguntó quién era el destinatario, varias veces termine respondiendo clichés o vaguedades.

A pocos días de ese festival me había enterado que los servicios de seguridad del régimen me investigaban precisamente por esto, mientras la canción rotaba todos los días y a toda hora en las radios, es difícil explicar ahora esa sensación de alegría y angustia, algo surrealista. No quiero entrar en detalles ahora, sólo decir que fue un tiempo muy jodido; ha pasado tanta agua bajo los puentes y, es cierto, hubo episodios que he reservado por años. No obstante, en el Café para Platón la realidad fue desbordando a la metáfora que la contenía, y es que el relato no trataba sólo del paisaje interior del autor sino de su entorno, del contexto, de una época.

Hace muchísimos años, cuando Ubiergo recién tocaba la canción, estaba en un camarín de Chillán firmando discos y un señor de unos cincuenta años se acercó a saludarlo. “Fernando, no quiero pedirte un autógrafo, solo quiero un abrazo. Gracias por Platón, mi hijo está en Suecia”. El reflejo de la vivencia de un padre gracias a su canción, le confirmó al compositor que él no debería decir quién era la persona detrás del personaje de su canción. Platón estaba en muchas partes, eran muchos, quizá es por esto que afirma que ‘la canción hace mucho que es de todos, ahora sólo la canto’.

Madurez musical 

 – ¿Cómo recuerda su participación en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar en 1978?

-El Festival de Viña históricamente es un evento muy importante para la música popular y masiva, sin embargo, en la parte de la competencia se ha degradado en las últimas décadas. De hecho, su símbolo más Preciado, la Gaviota, antes reservada únicamente a los triunfadores de la competencia como un premio a la creación, hoy penosamente se ha devaluado y convertido en algo un souvenir parecido a “recuerdo de mi paso por Viña”

Hubo una época en que este símbolo era exclusivo y te lo ganabas por mérito creativo. En febrero del 78, cuando canté por primera vez y la gente hizo suya “El tiempo en las bastillas” creo haber vivido una de las emociones más importantes que me ha dado la música, eran mis comienzos, era muy joven aún.

Fue grande esa emoción. Mi primer sencillo (Un café para Platón) sonando en las radios creo influyó mucho. Cuando llegué a Viña, más que por mi nombre, que no era conocido, al verme la gente decía “Ahí va Platón”. La verdad nunca olvidé lo que pasó esa noche y este comienzo tan emotivo y espectacular marcó mi relación con las personas de un modo inesperadamente abrupto, en menos de cinco días el país me conoció a través de la televisión y ahora dos de mis canciones empezaban a escribir su propia historia en la música popular.

-Con respecto a El Tiempo en las Bastillas, canción con la cual ganó la competencia internacional en el Festival de Viña ¿Cuál es la metáfora o el significado que usted quiso transmitir?

-Cuando canté El Tiempo en las Bastillas en el festival, creo haber sido consciente de que la mayor parte de las personas no entendía lo que estaban oyendo, lo que de algún modo indica que lo hice mal. Sucede que por una opción personal en esta canción decidí que lo haría de forma metafórica, aunque el sentido de la oración o afirmación inicial del texto es simple.  Ese enunciado al partir la canción, fácil de constatar, está inspirado en mi profesor de Filosofía Social, don Rafael Hernández, a quien le oí decir que a la historia había que mirarla con cierta distancia o resguardo, considerando las subjetividades o los intereses propios de quien escribe. En otras palabras, como la historia está escrita por los hombres – mujeres, uno puede leer sobre un mismo evento tantas verdades como versiones de un mismo hecho, entonces es legítimo dudar y preguntarse sobre lo inmutable. Pues bien, en 1977, cuando escribí la canción, me parecía necesario y oportuno pregúntaselo.

En mi cabeza de chiquillo imaginaba una metáfora intentando explicarlo: Si el tiempo tuviera bastillas, un bolsillo o un doblez donde queden las cosas que nadie escribe, esas que nadie quiere, o se atreve a contar, tendríamos entonces un relato distinto, más completo y más crudo, si dudas con más dolor y horror, también con más heroísmo, más valor, más amor. Sin embargo, no estaba diciendo nada nuevo, la historia a veces es un comodín.

 

– En su disco de 1979 Ubiergo usted incluye una versión de Te recuerdo Amanda, canción que también interpretó en 2009 en el Festival de Viña ¿Qué significa para usted la figura de Víctor Jara, especialmente cuando en 2023 se cumplen 50 años de su asesinato?

-Víctor Jara es uno de esos músicos con los cuales es imposible que no se te estremezca el corazón, en especial conociendo su obra y su vida, lo terrible de su final es algo que cuesta aceptar. Cuando grabé Te recuerdo Amanda nunca se había publicado en la prensa chilena que Víctor había sido asesinado, un hecho terrible, un eco murmurado y la historia que se escribió de boca en boca. En Víctor Jara se reúnen los pensamientos sobre las cosas más hermosas y las más tristes que se puedan sentir con respecto de un artista.

– Recientemente estrenó el sencillo Vahié y durante este año se ha presentado en diversos escenarios y teatros del país, ¿Cómo es seguir en plena actividad musical con más de 45 años de carrera?

-Envejecer detrás de una guitarra ha sido una de las cosas más hermosas que me ha ocurrido. Ahora mismo trabajo en las nuevas canciones para un álbum que se llamará 2037 y que el próximo año verá la luz. También en 2024 me voy a Buenos Aires a grabar un álbum temático. Tengo ya 70 años y la verdad nunca me imaginé que a esta edad grande estaría así de activo, especialmente en lo creativo. Soy consciente que no falta mucho para que mi llamita se empiece a apagar; que mi sinapsis cada vez sea menos ágil, afortunadamente el asombro aun me mantiene atento. La vida es un lugar asombroso, y constatar que habitamos un tiempo de transformaciones profundas para la vida tal como la conocemos hoy es muy estimulante para un espíritu inquieto, vivimos el principio del fin de una era y el comienzo de otra que no logro descifrar, pero me inquieta. Bueno, los años hablarán, aunque extrañamente mi idea del tiempo cada vez tiene menos que ver con los calendarios. Sólo vivo, aprovecho al máximo poder experimentar esta sensación de chispa fugaz en la tierra, y agradezco y escribo.

Composición y poesía

– ¿Cuál es su manera de entender la composición dentro de su faceta como cantautor?

-Yo entiendo a la composición desde la experiencia de un ser humano que habita un tiempo y un espacio y que da cuenta de eso, de este tránsito por la materia, en un cuerpo humano. En mi caso, el principal vector ha sido el asombro; este asombro que a cualquier espíritu inquieto le provoca descubrirse transitando en una brizna de tiempo por este maravilloso mundo terrible.

-La poesía es una rama literaria que está vinculada e inmersa en las letras de sus canciones ¿Se considera usted un poeta?

-A Joaquín Sabina le oí decir: “Las canciones se componen de tres elementos, letra, música y una tercera cosa que nadie sabe lo que es”. Pues bien, esto es así, hay un tercer elemento que está dentro de nosotros y que no es posible identificar o definir. Vendría a ser como un poxipol que funde música con texto, pero incorpora una carga invisible de emociones o sensaciones a esa mezcla. Hay algo en ese tercer elemento que finalmente hace que una canción sea única y diferente. Uno puede tener un poema hermoso y luego unirlo a una melodía mejor, sin embargo, reunirlos no garantiza que resulte una buena canción. Por el contrario, una letra hermosa, con una melodía simple o al revés, pueden emocionar a generaciones. Es realmente un misterio ese crisol que nutre a la música popular.

En mi caso, yo digo y pienso que no soy un poeta, la poesía es otra cosa, se trata de la palabra dispuesta para ser leída, en la canción la palabra es oída en una dimensión nueva que se lo proporcionan la melodía, el ritmo, los silencios y esto en cierta medida la modifica. No obstante, existen canciones que se usan la metáfora y recursos poéticos. Como dice (Jorge) Drexler, “uno es un cancionista”.